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Y
quedaron
concluidos
el
cielo,
la
tierra
y
sus
muchedumbres.
Para
el
día
séptimo
había
concluido
Dios
toda
su
tarea;
y
descansó
el
día
séptimo
de
toda
su
tarea.
Y
bendijo
Dios
el
séptimo
día
y lo
consagró,
porque
ese
día
descansó
Dios
de
toda
su
tarea
de
crear.
Esta
es
la
historia
de
la
creación
del
mundo
(Génesis
1.31;
2.1-4ª)
“Una
hábil
maniobra,
de
izquierda
a
derecha
y el
defensa
queda
atrás.
En
el
otro
lado,
mientras
ve
esa
jugada,
una
pequeña
oleada
de
satisfacción
interna
calienta
el
cuerpo
a
primeras
horas
de
un
sábado
invernal.
No
importa
que
la
jugada
acabe
fuera,
ese
regate
es
suficiente
para
horas
de
conversación
entre
padre
e
hijo,
para
repetirlo
una
y
otra
vez
e
incluso
para
que
el
padre
lo
intente
sin
mucho
resultado.”
“Cálculos
intuitivos,
si
eso
no
fuese
sin
contradicción
evidente,
que
ofrecen
la
cantidad
que
se
puede
gastar
en
una
tarde
de
viernes
de
compras
con
su
hija
sin
poner
en
peligro
la
economía
familiar.
El
oficio
de
madre
dota
de
ciertas
herramientas
mentales
para
negociar
en
términos
de
superávit.
Mil
y un
comercios
con
atractivos
escaparates
repletos.
Cuando
la
adolescente
sonríe
por
las
compras,
su
madre,
con
las
piernas
cansadas,
sonríe
aún
más
por
comprobar
lo
poco
que
cuesta
la
felicidad
de
su
hija.
No
siempre
será
así.”
“Nadie
le
dijo
que
desempeñaría
varias
profesiones
en
el
fin
de
semana.
Un
mecánico
capaz
de
ajustar
los
destrozados
frenos
de
una
bici.
Un
excelente
cocinero
al
que
no
se
le
resiste
unas
costillas
en
la
barbacoa.
Un
taxista
nocturno
que
va a
recoger
a
sus
hijos
adolescentes
para
llevarlos
a
casa.
Nadie
dijo
que
tras
más
de
cuarenta
horas
semanales
aún
le
quedasen
unas
cuantas
realizando
profesiones
que
nunca
eligió.
Nada
de
ello,
ninguna
de
esas
horas,
empaña
la
felicidad.
La
consigue.”
“Un
delicioso
atún
a la
brasa
con
verduras
en
tempura
y
salsa
Teriyaki
para
ella.
Un
steak
tartar
muy
picante
para
él.
Una
botella
de
Beryna,
ligero,
afrutado,
ideal
para
la
esa
cena,
para
una
larga
conversación
salpicada
de
risas,
guiños
y
necesidad
en
los
ojos.
Necesidad
de
uno
del
otro.
Una
noche
por
empezar,
un
amanecer
de
domingo
por
descubrir
en
la
misma
almohada.
Completos.
Felices.”
“Se
van
sumando
kilómetros,
ya
están
cerca
de
la
hora
sin
dejar
de
rodar.
El
calor
aún
no
aprieta
pero
se
nota
el
cansancio
en
las
piernas.
Queda
la
última
parte,
la
que
dicen
que
da
resultado,
la
que
vale
de
verdad.
Quizás
sea
lo
de
menos.
Lo
importante
es
ese
largo
rato
de
domingo,
juntos
en
el
esfuerzo,
disfrutando
de
caminos,
de
pisadas,
del
cansancio.”
“Se
notan
las
buenas
críticas.
El
teatro
está
lleno
en
la
sesión
de
noche
del
sábado.
Ha
sido
todo
un
acierto
invitarla.
Está
realmente
guapa.
Más
de
un
mes
ha
tardado
en
decidirse
a
invitarla
pero
ahora
está
sentada
a su
lado.
La
vida
es
un
sueño.
Con
ella.”
“Se
ha
ido.
Un
maldito
palmo.
Es
la
tercera
vez
que
pierden
el
partido
contra
ellos.
Dentro
de
lo
frustrante
no
está
nada
mal,
hace
un
año
apenas
sabía
coger
una
pala
de
padel.
Espera
un
buen
aperitivo
que
tocará
pagar
para
terminar
la
mañana
del
domingo
De
mil
amores.”
“Sigue
sorprendiéndole
el
efecto
de
la
lluvia.
Aunque
ya
vio
el
cuadro
en
la
Colección
Permanente,
la
Exposición
de
Pissarro,
le
da
una
oportunidad
de
verlo
en
contexto
con
otras
obras
del
pintor.
Es
simplemente
fantástico,
“Rue
Saint-Honoré
por
la
tarde”,
su
cuadro
preferido,
en
una
tarde
de
sábado.”
“Sale
disparado
del
trabajo
el
viernes
al
mediodía
para
recoger
a su
familia
y
recorrer
los
cien
kilómetros
que
le
llevan
a su
casa
en
el
campo.
Allí
hay
lo
tiene
todo.
Gran
parte
hecho
con
sus
manos,
un
fin
de
semana
tras
otros,
paciencia
tras
paciencia,
dedicación
tras
dedicación.
Un
mundo
en
un
pueblo,
su
familia,
sus
amigos,
sus
cosas.”
“Las
mocitas
madrileñas
caminando
a
Chamartín
suena
silenciosamente
en
su
cabeza.
Su
hijo
lleva
la
camiseta
de
Ronaldo.
Hoy
es
un
partido
decisivo
y se
notan
los
nervios.
Este
domingo
se
juegan
la
Liga.
Quiere
que
gane
el
Madrid,
por
el
Madrid,
por
él,
por
su
hijo.
Sobre
todo
por
su
hijo.”
“Una
ronda
de
cañas
más,
sentados
al
sol
el
sábado
al
mediodía.
Unos
calamares,
un
chorizo
a la
sidra,
pulpo.
Otra
ronda
más.
Conservaciones
cruzadas
y
risas
de
grupo,
las
anécdotas
de
siempre
y
las
discusiones
más
actuales.
¿Una
más?
La
última.
La
penúltima.”
“El
viejo
sofá
parece
engullirle.
Se
hunde
tanto
que
casi
parece
que
le
protegiera.
Recostado
sobre
el
cojín,
lee
una
y
otra
página
metiéndose
tanto
en
la
historia
de
dos
ciudades,
que
ya
parece
que
forma
parte
del
mejor
y el
peor
de
los
tiempos,
de
la
sabiduría
y de
la
locura,
de
las
creencias
y la
incredulidad,
de
la
luz
y
las
tinieblas,
de
la
esperanza
y de
desesperación”.
Les
sonarán
estas
escenas
y se
reconocerán
en
algunas.
Pocas
cosas
hay
tan
reconfortantes
como
el
fin
de
semana.
Salimos
de
nuestra
dinámica
fagocitante
y
recuperamos
quienes
somos.
El
fin
de
semana
es
recuperación.
No
sólo
de
fuerzas,
sino
de
tiempo,
de
esencia
y de
placeres.
Volvemos
a
encontrar
la
pausa,
los
momentos
que
se
alargan
sin
ponerles
tiempo,
incluso
cuando
tienen
una
hora
fijada.
Recuperamos
a la
familia,
a
los
hijos,
podemos
darnos
sin
límite,
sin
acotar
parcelas.
Sin
que
la
prisa
sea
la
acompañante
que
hace
juego
con
nuestro
traje.
Recuperamos
el
día,
el
sol,
las
terrazas,
las
cervezas,
el
buen
comer
y el
mejor
vino.
Saboreamos.
Recuperamos
la
noche,
la
intimidad,
el
sueño
y el
placer.
Vuelven
conversaciones
eternas,
los
silencios
cálidos
y la
tranquilidad
en
la
madrugada.
Otras
noches
recuperamos
el
ritmo,
la
música,
el
sudor,
la
efervescencia
de
lo
nocturno.
Nos
conmovemos
con
el
arte.
Nos
dejamos
llevar
por
el
cine,
nos
apasiona
el
teatro.
La
lectura
se
hace
nuestra
materializando,
según
leemos,
lugares,
personajes
y
miradas.
Nos
entregamos
al
deporte,
solos,
con
amigos,
contra
rivales.
Sentimos
el
cansancio
del
esfuerzo
y la
gratificación
del
bienestar.
Son
muchas
las
escenas
que
nos
traen
los
fines
de
semana,
padres,
hijos,
amigos,
deportistas,
amantes,
celebraciones
y
cualquier
otra
manifestación
que
hace
que
exprimamos
el
fin
de
semana
No
ha
sido
gratuito
el
comienzo
de
este
texto,
puesto
que
el
descanso
dominical
encuentra
fundamento
en
su
carácter
religioso,
mucho
antes
de
las
primeras
leyes
laborales
fruto
de
la
revolución
liberal
y de
la
libertad
de
trabajo
junto
con
la
posterior
revolución
industrial.
Todos
estos
factores
produjeron
cambios
en
la
sociedad
y
por
lo
tanto
en
los
trabajadores
hasta
el
punto,
que
en
el
ámbito
del
descanso,
el
siglo
XX,
nos
ofreció
la
primera
Ley
del
Descanso
Dominical
del
3 de
marzo
de
1.904.
Desde
aquellos
días
hasta
ahora,
hemos
ido
ampliando
el
descanso
pasando
de
ser
dominical
a
alargarlo
al
sábado
e
incluso
desde
el
viernes
al
mediodía.
Son
estas
horas
las
que
dedicamos
al
descanso
de
cuerpo
y
alma,
al
descanso
del
“yo
productivo”.
Ya
no
recuerdo
quien,
al
principio
de
mi
carrera,
me
dijo
que
el
descanso
forma
parte
del
trabajo.
Debe
ser
verdad
porque
la
propia
Declaración
Universal
de
los
Derechos
Humanos,
en
su
artículo
24,
lo
consagra:
Toda
persona
tiene
derecho
al
descanso,
al
disfrute
del
tiempo
libre,
a
una
limitación
razonable
de
la
duración
del
trabajo
y a
vacaciones
periódicas
pagadas.
¡Disfruten
su
más
que
merecido
fin
de
semana! |