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Reivindica tu fin de semana: ¡Y el séptimo día descansó!
MADRID, 11 de JULIO de 2014 - LAWYERPRESS

Por Emilio Gude, Abogado de Ceca Magán y Runner

 

Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus muchedumbres. Para el día séptimo había concluido Dios toda su tarea; y descansó el día séptimo de toda su tarea. Y bendijo Dios el séptimo día y lo consagró, porque ese día descansó Dios de toda su tarea de crear. Esta es la historia de la creación del mundo (Génesis 1.31; 2.1-4ª)

Emilio Gude“Una hábil maniobra, de izquierda a derecha y el defensa queda atrás. En el otro lado, mientras ve esa jugada, una pequeña oleada de satisfacción interna calienta el cuerpo a primeras horas de un sábado invernal. No importa que la jugada acabe fuera, ese regate es suficiente para horas de conversación entre padre e hijo, para repetirlo una y otra vez e incluso para que el padre lo intente sin mucho resultado.”

“Cálculos intuitivos, si eso no fuese sin contradicción evidente, que ofrecen la cantidad que se puede gastar en una tarde de viernes de compras con su hija sin poner en peligro la economía familiar. El oficio de madre dota de ciertas herramientas mentales para negociar en términos de superávit. Mil y un comercios con atractivos escaparates repletos. Cuando la adolescente sonríe por las compras, su madre, con las piernas cansadas, sonríe aún más por comprobar lo poco que cuesta la felicidad de su hija. No siempre será así.”

“Nadie le dijo que desempeñaría varias profesiones en el fin de semana. Un mecánico capaz de ajustar los destrozados frenos de una bici. Un excelente cocinero al que no se le resiste unas costillas en la barbacoa. Un taxista nocturno que va a recoger a sus hijos adolescentes para llevarlos a casa. Nadie dijo que tras más de cuarenta horas semanales aún le quedasen unas cuantas realizando profesiones que nunca eligió. Nada de ello, ninguna de esas horas, empaña la felicidad. La consigue.”

“Un delicioso atún a la brasa con verduras en tempura y salsa Teriyaki para ella. Un steak tartar muy picante para él. Una botella de Beryna, ligero, afrutado, ideal para la esa cena, para una larga conversación salpicada de risas, guiños y necesidad en los ojos. Necesidad de uno del otro. Una noche por empezar, un amanecer de domingo por descubrir en la misma almohada. Completos. Felices.”

“Se van sumando kilómetros, ya están cerca de la hora sin dejar de rodar. El calor aún no aprieta pero se nota el cansancio en las piernas. Queda la última parte, la que dicen que da resultado, la que vale de verdad. Quizás sea lo de menos. Lo importante es ese largo rato de domingo, juntos en el esfuerzo, disfrutando de caminos, de pisadas, del cansancio.”

“Se notan las buenas críticas. El teatro está lleno en la sesión de noche del sábado. Ha sido todo un acierto invitarla. Está realmente guapa. Más de un mes ha tardado en decidirse a invitarla pero ahora está sentada a su lado. La vida es un sueño. Con ella.”

“Se ha ido. Un maldito palmo. Es la tercera vez que pierden el partido contra ellos. Dentro de lo frustrante no está nada mal, hace un año apenas sabía coger una pala de padel. Espera un buen aperitivo que tocará pagar para terminar la mañana del domingo De mil amores.”

“Sigue sorprendiéndole el efecto de la lluvia. Aunque ya vio el cuadro en la Colección Permanente, la Exposición de Pissarro, le da una oportunidad de verlo en contexto con otras obras del pintor. Es simplemente fantástico, “Rue Saint-Honoré por la tarde”, su cuadro preferido, en una tarde de sábado.”

“Sale disparado del trabajo el viernes al mediodía para recoger a su familia y recorrer los cien kilómetros que le llevan a su casa en el campo. Allí hay lo tiene todo. Gran parte hecho con sus manos, un fin de semana tras otros, paciencia tras paciencia, dedicación tras dedicación. Un mundo en un pueblo, su familia, sus amigos, sus cosas.”

“Las mocitas madrileñas caminando a Chamartín suena silenciosamente en su cabeza.  Su hijo lleva la camiseta de Ronaldo. Hoy es un partido decisivo y se notan los nervios. Este domingo se juegan la Liga. Quiere que gane el Madrid, por el Madrid, por él, por su hijo. Sobre todo por su hijo.”

“Una ronda de cañas más, sentados al sol el sábado al mediodía. Unos calamares, un chorizo a la sidra, pulpo. Otra ronda más. Conservaciones cruzadas y risas de grupo, las anécdotas de siempre y las discusiones más actuales. ¿Una más? La última. La penúltima.”

“El viejo sofá parece engullirle. Se hunde tanto que casi parece que le protegiera. Recostado sobre el cojín, lee una y otra página metiéndose tanto en la historia de dos ciudades, que ya parece que forma parte del mejor y el peor de los tiempos, de la sabiduría y de la locura, de las creencias y la incredulidad, de la luz y las tinieblas, de la esperanza y de desesperación”.

Les sonarán estas escenas y se reconocerán en algunas. Pocas cosas hay tan reconfortantes como el fin de semana. Salimos de nuestra dinámica fagocitante y recuperamos quienes somos. El fin de semana es recuperación. No sólo de fuerzas, sino de tiempo, de esencia y de placeres.

Volvemos a encontrar la pausa, los momentos que se alargan sin ponerles tiempo, incluso cuando tienen una hora fijada. Recuperamos a la familia, a los hijos, podemos darnos sin límite, sin acotar parcelas. Sin que la prisa sea la acompañante que hace juego con nuestro traje. Recuperamos el día, el sol, las terrazas, las cervezas, el buen comer y el mejor vino. Saboreamos.

Recuperamos la noche, la intimidad, el sueño y el placer. Vuelven conversaciones eternas, los silencios cálidos y la tranquilidad en la madrugada. Otras noches recuperamos el ritmo, la música, el sudor, la efervescencia de lo nocturno.

Nos conmovemos con el arte. Nos dejamos llevar por el cine, nos apasiona el teatro. La lectura se hace nuestra materializando, según leemos, lugares, personajes y miradas. Nos entregamos al deporte, solos, con amigos, contra rivales. Sentimos el cansancio del esfuerzo y la gratificación del bienestar.

Son muchas las escenas que nos traen los fines de semana, padres, hijos, amigos, deportistas, amantes, celebraciones y cualquier otra manifestación que hace que exprimamos el fin de semana

No ha sido gratuito el comienzo de este texto, puesto que el descanso dominical encuentra  fundamento en su carácter religioso, mucho antes de las primeras leyes laborales fruto de la revolución liberal y de la libertad de trabajo junto con la posterior revolución industrial.

Todos estos factores produjeron cambios en la sociedad y por lo tanto en los trabajadores hasta el punto, que en el ámbito del descanso, el siglo XX, nos ofreció la primera Ley del Descanso Dominical del 3 de marzo de 1.904.

Desde aquellos días hasta ahora, hemos ido ampliando el descanso pasando de ser dominical a alargarlo al sábado e incluso desde el viernes al mediodía. Son estas horas las que dedicamos al descanso de cuerpo y alma, al descanso del “yo productivo”.

 Ya no recuerdo quien, al principio de mi carrera, me dijo que el descanso forma parte del trabajo. Debe ser verdad porque la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 24, lo consagra:

 Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

¡Disfruten su más que merecido fin de semana!

 

 

 

 

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