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COLABORACIONES / Opinión
Por Reyes Coto Jiménez, Abogada del ICAS Mediadora Familiar/Sanitaria
El síndrome de Burnout o “Síndrome de estar quemado”, como popularmente se le conoce a las personas afectadas por este síndrome, fue descrito en 1974 por el psiquiatra Herbert Freudenberger y es definido como un proceso paulatino, por el cual las personas pierden interés en su trabajo, el sentido de responsabilidad y pueden hasta llegar a profundas depresiones que llevan incluso a la muerte. El síndrome supone un agotamiento físico y psíquico, significa estar o sentirse quemado, agotado, sobrecargado, exhausto, … Aunque no soy docta en la materia no es un tipo de estrés común, sino laboral y crónico: la persona lleva años, semanas o días en los que viene afectado por el cansancio y se deja estar, se automedica y cae en el síndrome cuando el estrés se hace crónico. Esta afección se presenta en personas autoexigentes y perfeccionistas, que tienen dificultades para delegar olvidando así sus necesidades básicas. Este mal afecta a aquellos cuyo trabajo tiene una repercusión directa sobre la vida de otras personas, sobre todo, tratándose de profesionales que tienen un trato directo diario con las exigencias, inquietudes y expectativas de otras personas. Los profesionales del mundo sanitario son de los grupos más afectados con este síndrome, y a ellos nos referiremos en el presente artículo. Los médicos y otros trabajadores de la salud, como son las enfermeras, ya que al estar en contacto directo e interactuar con otras personas durante largos periodos de tiempo provoca la acumulación de respuestas a situaciones de estrés que provocan tensión, impotencia y malestar generalizada. Si bien, todos los demás agentes sanitarios pueden ser víctimas ya que otros muchos factores influyen en la jornada laboral como cambios de horario, la involucración a fondo en los problemas de los pacientes u otras personas, la falta de medios materiales para atender adecuadamente a los pacientes, etc. …. Tres etapas caracterizan este síndrome o patología conductual: 1.- El cansancio emocional: es el elemento central del síndrome y se caracteriza por una sensación creciente de agotamiento en el trabajo, desarrollándose así una actitud impersonal, deshumanizadora de las relaciones hacia las personas y miembros del equipo, mostrándose distanciado y usando etiquetas despectivas o bien, en ocasiones, tratando de hacer culpables a los demás de sus frustraciones y disminuyendo su compromiso laboral. 2.- La despersonalización: se acusa con la falta de iniciativa laboral, con ausentismos y desganos. Tiene actitudes de aislamiento con tono pesimista y negativo, que va adoptando el sujeto para protegerse de agotamiento. 3.- La falta de realización personal: sentir que las demandas laborales exceden su capacidad, se encuentra insatisfecho con sus logros profesionales, una sensación de impotencia. Recientemente, leyendo un manual sobre el lenguaje no verbal de la experta en comunicación Teresa Baró, descubrí la existencia de claves para leer lo mensajes inconscientes de otras personas cercanas en el ámbito personal y profesional, y recordé cual útil seria aplicar un plan de entrenamiento y aplicación en este sentido en el ámbito sanitario, a fin de detectar de forma precoz, síndrome burn out y las ventajas personales y a nivel organización que tendría una detección precoz de este síndrome, causa principales de absentismo justificado por baja laboral en organizaciones del ámbito de la salud. La identificación de factores de riesgos pueden ayudar a prevenirlo y tratarlo, obteniendo importantes ventajas y beneficios que influyen en el grupo de trabajo y en el clima laboral y en la relación asistencial sanitarios-pacientes, mejorando la calidad en la atención y prestación de servicios sanitarios lo cual confluye en la salud del paciente y en una pronta mejoría de sus dolencias. En una ocasión leí que “Dios regala la vida y los médicos están para salvarla y protegerla” añadiría que los profesionales abogados y mediadores especializados en materia sanitaria, o en camino de la especialización, deben estar para gestionar y solucionar los problemas que surgen entorno a ella dentro del mundo sanitario, ofreciendo la forma o vía de resolución más adecuada a cada caso en concreto. Las leyes no contemplan componentes emocionales suficientes para dar respuesta a la misma, por lo que será una decisión asertiva acudir a otros medios de gestión de conflictos para una adecuada y eficaz solución Recientes estudios demuestran que el síndrome burn out es o el estrés ocupacional crónico es considerado un factor determinante de los trastornos depresivos, los cuales constituyen la cuarta causa de los costos de la enfermedad, estimando la Organización Mundial de la Salud que en el año 2020 los trastornos depresivos serán la segunda mayor causa de morbilidad, detrás solamente de la enfermedad isquémica del corazón. Las dolencias físicas y/o mentales aumentan la frecuencia de licencias por enfermedad pudiendo llegar a la jubilación anticipada, aumento de los costos con tratamientos médicos, mayor incidencia de enfermedades coronarias y endocrinas. Llegados a este punto, volvemos al punto de partida, ¿qué puede hacer por ella la mediación sanitaria?, funciones de prevención?, una vez detectada, funciones resolutiva?? Como buen observador y como especialista en gestión de conflictos, el mediador tiene un sexto sentido para detectar signos de tensión y conflictología en el ámbito en que se mueve habitualmente. Que las organizaciones de salud cuenten con un medidor sanitario en su centro es garantía de que no va a gestionar el conflicto una vez que le llegue a él, el buen mediador sabe detectar indicios de situaciones problemáticas y de tensiones en las personas, a través del lenguaje no verbal, que hace que el mediador intervenga en calidad de previsión y prevención. Los profesionales sanitarios que padecen este síndrome tienen a simple vista de un buen mediador unos rasgos emocionales y gestuales que hace saltar las alarmas: irritabilidad o tristeza al interactuar con otros compañeros o/y pacientes, desgano, frustración, desilusión, dificultad para integrarse adecuadamente al entorno laboral, agotamiento emocional, falta de realización personal que deriva en una baja autoestima personal.. La habilidad del mediador sanitario para determinar las verdaderas posiciones de los profesionales sanitarios que padecen este síndrome es un atributo valioso para el manejo de su problema en colaboración con otros profesionales , ofreciendo la mediación un aumento de la percepción de control, el incremento de la autoeficacia personal y una mejora de la autoestima a través de técnicas eficaces como la de orientación cognitivo-conductual, eso sí, pertrechándome en la afirmación de que el trabajo del mediador sanitario para gestionar y resolver los efectos negativos de este síndrome tiene que ir en colaboración y cooperación de otros profesionales sanitarios. Ante la falta de medios por parte de la Administración Sanitaria y las esferas políticas, actuemos centrándonos en la solución, no en los problemas.
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