Desde
hace
siglos
se
ha
utilizado,
generalmente
de
forma
muy
interesada
y
arbitraría,
la
expresión
antes
citada
y
que
sirve
da
rubrica
general
a
esta
reflexión
.Con
anterioridad
al
siglo XIX
sobre
todo
en
la
republica
francesa,
el
aforismo
tenia
o
podía
tener
un
fuerte
y
bondadoso
sentido
popular.
Con
la
exaltación
de
la
Ley,
muy
especialmente
en
el
Derecho
centroeuropeo
su
virtualidad
se
redujo
al
mínimo
cuando
no a
una
simple
e
interesada
consideración
que
no
va a
ser
más
que
un
ataque,
como
dramáticamente
fue
en
el
centro
de
Europa
ya
por
los
años
30
–40
del
pasado
siglo
XX,
fundándose
en
una
brutal
critica
negadora
del
imperio
de
la
Ley. La
característica
esencial
del
nacimiento
del
Estado
de
Derecho
al
que
en
la
actualidad,
se
cita
sin
cesar
y
veces
se
hace
sin
saber
realmente
que
significa
o
que
es
esencialmente
.
Por
citarlo
de
forma
clara
y
simplista,
no
es
otra
cosa
que
todos
absolutamente
todos,
están
sometidos
a la
Ley
y
muy
especialmente
los
poderes
públicos.
El
primero,
el
poder
judicial
en
unión
con
el
ejecutivo
en
suma,
el
poder
político,
ya
éste
detectando
el
poder
central
del
Estado
o el
local
o
autonómico
y si
no
fuese
así,
se
estaría
cometiendo,
sin
duda,
un
grave
delito.
A
estas
alturas
del
saber
jurídico,
no
estamos
ya
para
descubrir
el
mar
mediterráneo,
sencillamente
por
que
fue
descubierto
hace
milenios. Aun
así
parece
que
en
España
estamos
condenados,
cumpliendo
una
especie
de
maldición
que
nos
persigue
y
nos
perseguirá
de
por
vida, quizás
por
no
haber
tenido
nunca
una
seria
revolución
liberal
triunfante
en
nuestro
país
.Y
eso
se
paga
quizás
con
un
precio
muy
alto.
Con
el
sometimiento,
implantado
por
el
Estado
liberal
a la
Ley
y la
vigencia
del
Estado
de
Derecho
es
cierto
que
SALUS
POPULI
SUPREMA
LEX
EST,
no,
desde
luego
que
no.
Lo
digan
los
lideres
catalanes
o
vascos,
como
también
lo
dijeron
los
líderes
europeos
de
centro
Europa
en
los
años
30-40
del
siglo
pasado.
Hay
que
agradecer
siempre
a
los
Estados
Unidos
el
recordatorio
y la
fijación,
con
mucha
sangre,
como
de
la
restauración
de
de
la
vigencia
y de
lo
que
hoy
llamamos
imperio
de
la
Ley,
Estado
de
Derecho,
o
simplemente,
principio
de
legalidad,
por
ser
más
modestos.
Estoy seguro,
que
bien
explicado
lo
anterior,
nuestros
conciudadanos
catalanes,
vascos
y
gallegos
estarían
menos
altivos
y
arrogantes
en
la
utilización
instrumental
de
sus
grandes
aglomeraciones
y
asolados
por
la
corrupción
y el
desempleo,
como
estamos
todos,
se
les
agradecería
clamara
contra
ello
y no
contra
el
Derecho
derivado
de
la
virtualidad
de
una
Constitución,
como
la
española
de
1978,
que
votaron
y
les
permite
desfilar
y
hacer
todo
tipo
de
filigranas,
sin
que
sean
molestados
por
quienes
tienen
el
poder
para
ello
.Gracias
y
homenaje
deberían
rendir
a
esa
Constitución,
incluso
tan
generosa,
que
prevé
y
admite
su
cambio
y
reforma
para
aquellos
que
la
votaron
entonces
y
parece
que
ahora
ya
no
le
gusta.
Las declaraciones
del
Fiscal
general
del
Estado
no
son
música
celestial,
son
algo
que
debe
ser
tenido
en
cuenta.
Manuel
Cobo
del
Rosal,
Catedrático
de
Derecho
Penal
y
Abogado.
|