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Qué cara te queda cuando te dicen que debes traer clientes (I)
MADRID, 14 de NOVIEMBRE de 2014 - LAWYERPRESS

Por Joaquín Ballester, Consejero Legal de la Productora Zoopa

Joaquín Ballester, Consejero Legal de la Productora ZoopaCuando inicias tu carrera profesional en un despacho llega un día, más tarde o más temprano, en que se dirigen a ti y te dicen: “ser abogado no es sólo trabajar en los asuntos de los clientes, una parte muy importante de tu trabajo es que también los traigas”.

Con el paso de los años esa frase la transmites tal cual a otros jóvenes abogados, sin embargo ni a ti antes, ni tú ahora le sabes explicar a esos abogados cómo se hace.

Si reflexionamos por un momento y miramos atrás, muy probablemente estemos todos de acuerdo en que esa “petición” coincidió en su día con necesidades más o menos urgentes del despacho, tales como la pérdida de un cliente importante, un descenso de la facturación, etc.

Hasta hace muy poco la búsqueda, captación, o como queráis llamarlo, de nuevos clientes obedecía a determinadas urgencias del despacho, y no a una política comercial. Hoy en día esto está cambiando, y despachos “jóvenes” de abogados con procedencia en su mayoría de grandes y medianas firmas han programado sus acciones comerciales en un primer momento por necesidad al arrancar con una nueva firma, pero luego lo han acabado implantando como una cultura del despacho.

 El empleo de las nuevas tecnologías es actualmente una forma de dar más valor a los servicios, así como el ser conscientes de los errores que vivieron en primera persona en otras firmas, pero sobretodo haya algo que estos despachos están aplicando y les diferencia de otros y es la pasión que ponen cada día en su trabajo. Esa pasión que nadie dude que el cliente la percibe y disfruta. Hay muchas formas poner pasión en el trabajo, pero para ello cada uno debe conocer sus limitaciones y aptitudes para sacarles el mejor partido en beneficio del cliente.

Los despachos están cambiando porque los clientes nos están haciendo cambiar, éstos exigen más valor añadido a nuestros servicios más allá del conocimiento que se nos presupone. Ese valor añadido podemos encontrarlo en las nuevas tecnologías, en una nueva forma de gestionar no sólo los asuntos propiamente dichos sino también al cliente, en intentar entender mejor cada día al cliente, prever en qué le podemos ayudar y ser proactivos junto a él.

Se acabó la “fantástica metodología” de ir a jugar al golf o a pádel, cenar en restaurantes de renombre o llevar al cliente al fútbol. Con esto ya no basta, el cliente ahora quiere más, pero no olvidéis que lo que ya le dábamos lo va a seguir queriendo mantener.

Hemos de añadir valor a nuestros servicios, debemos tener esto muy claro y debemos sobretodo ser muy transparentes y honestos con el cliente. Nadie sabe de todo, y hay cosas que otros hacen mejor, debemos ser lo suficientemente profesionales para admitirlo y recomendar al cliente lo mejor para él.

Llegados a este punto, debemos tener claro qué tipo de cliente queremos; grandes empresas, medianas o pequeñas, o si queremos clientes de un sector determinado. La respuesta a esta cuestión nos la dará las propias dimensiones y estructura de nuestro despacho. No vayamos a ofrecer cosas que no podremos o sabremos hacer.

En pocas palabras, no vendamos humo, que es lo que mejor hemos vendido históricamente los despachos de abogados, infravalorando a nuestros clientes. Si algo no lo sabemos hacer o no lo haremos bien, hay que decirlo, es igual de efectivo reconocer este hecho que hacerlo bien, y es bastante probable que nuestro cliente valore más positivamente esta actitud que el propio trabajo bien hecho. Fidelizar un cliente es muchas veces más fácil de lo que imaginamos.

Estos últimos años me he reunido con muchos abogados in house de diferentes tipos de empresas, tanto por dimensión como por sector, y lo cierto es que la mayoría de ellos siempre están dispuestos a dedicar un tiempo a los compañeros de despachos. Evidentemente la mayoría, por no decir todos, tienen muy cubierta la externalización de los servicios jurídicos, pero aún así siempre he sido partidario de que hay que ir a verlos, intercambiar impresiones y saber de primera mano qué es lo que esperan de un despacho y sobretodo de los abogados que lo integran.

 Para mí ha sido muy interesante y enriquecedor, tanto por los que han sido más receptivos como por los que no lo han sido tanto, de todos he aprendido a ver el lado positivo en su relación con sus despachos externos. La inmensa mayoría trabaja como mínimo con dos despachos, y visto positivamente significa que uno tiene opciones.

Por otro lado es recomendable que las empresas dispongan de dos o tres despachos en colaboración, eso hará que los despachos se mantengan siempre alerta, y el cliente nunca dependerá de la disponibilidad o expertise de un solo despacho.

 

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