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¿Qué balance hago de este 2014? (I): Luchar como los mejores
MADRID, 15 de DICIEMBRE de 2014 - LAWYERPRESS

Por Ana Isabel Oliva. Abogada. ICAM

Ana Isabel OlivaUno de los años más difíciles de mi vida, y aseguro que muchos, de los 49 que tengo, no han sido precisamente fáciles.

Cómo se llama a una mujer que, es Licenciada en Derecho desde los 21 años de edad, Diplomada en Criminología, con plaza por oposición en Servicios Penitenciarios en Cataluña (en excedencia ahora), entre otras cosas…; que después se dedicó, de forma exclusiva, durante más de 15 años al cuidado de sus hijos y hogar familiar (con todo lo que eso conlleva, y que nunca estará lo suficientemente valorado), con varios traslados de domicilio por España; y que a sus casi 46 años se colegió como abogada ejerciente?.

EMPRENDEDORA? No lo sé. No puedo ponerle nombre ni etiqueta y además, prefiero que así sea. Yo lo único que hice fue decir SÍ.

Dije SÍ a una propuesta que, muy insistentemente, me hicieron dos personas profesionales del derecho, muy especiales para mí, para que retomara mi vida laboral, para que me iniciara en el ejercicio de la abogacía. Fue un SÍ, a regañadientes, sin mucho convencimiento, porque los años previos habían hecho mella en mí, me habían convertido en todo lo contrario a una profesional del derecho y desde luego, a una emprendedora; fue un SÍ que fue tomando forma poco a poco, con muchos miedos, inseguridad, ganas de abandonar y muchas lágrimas. Pero esas dos personas seguían ahí, confiando en mí, en mis posibilidades, en mi capacidad. Hice cursos, volví al estudio, empecé a practicar el Derecho.

Y en Enero de 2014, una de esas personas, mi ¨hada madrina¨, Concha, una magnífica persona y abogada, con muchos años de experiencia, con infinidad de abogados/as alrededor que hubieran hecho cualquier cosa por trabajar con ella y con una bondad inmensa, me ofreció compartir nuevo despacho con ella. De nuevo dije SÍ, con más miedos y más inseguridad aún si cabe, pero con una ilusión y un espíritu de superación desmedidos; dediqué horas y horas a ese reto, se pasaban sin darme cuenta, quería hacer bien mi trabajo y, a pesar de mis reticencias, empecé a creer en mí, empezaba a estar orgullosa de mí.

Sin embargo, este mismo 2014 que me dio la oportunidad, me la quitó; el reto terminó. Supongo que no lo supe asumir con el suficiente equilibrio emocional, aunque otros factores influyeron.

Volví a mi casa, de nuevo al vacío laboral, y como no, con una huella de dolor que redobló mi inseguridad, mis ganas de abandonar definitivamente el ejercicio profesional, mis lágrimas; un vacío y un dolor que, en definitiva, me sumió en un profundo pozo sin luz.

Pero, quizás yo tenga un ángel de la guarda, que igual que hizo aparecer a mi “hada madrina” que me dio su mano para reiniciar mi vida, que me ayudó a ver el mundo con otros ojos, también hizo aparecer al que hoy siento como mi amigo, Carlos Rodríguez Adeva. Carlos me hizo comprender que ese tropezón no era el fin, que podía seguir dando pasos profesionales yo sola. Me decía: empieza por buscar un lugar para un despacho, co-working, hazte nuevas tarjetas, una web, un blog, escribe artículos… ¨.

Reconozco que me ha costado mucho hacerle caso, porque es muy duro levantarse después de la caída y, las fuerzas fallan.

Pero mi ángel de la guarda vino a verme de nuevo. Mi marido, Santiago, dedicado durante más de 25 años a la carrera judicial, decidió emprender el camino de la abogacía. Evidentemente, él había vivido mi retorno al mundo laboral, y él mejor que nadie conocía mis capacidades y mis limitaciones, mis luces y mis sombras, mis vaivenes; y yo mejor que nadie, conocía su amor por la Justicia y por la ética profesional, por la perfección, su espíritu de lucha incansable, su alto nivel de exigencia a sí mismo y a los demás.

A pesar de ello, ha querido contar conmigo, también ha confiado en mí como profesional. Ahora colaboro con él, me he inscrito en el turno de oficio, sigo formándome, en fin… sigo en la brecha.

He escrito esto pensando en todas aquellas personas que, algún día, dejaron su profesión por dedicarse en cuerpo y alma a la familia, y que quieren retomar su vida profesional en un momento de crisis económica y de valores, con una edad complicada y una competencia feroz. A ellas les digo que hay que arriesgarse, hay que dar un paso detrás de otro. Desde luego, fácil no es; el camino es muy empinado y está lleno de piedras que nos hacen caer, y de trampas que nos hacen perder la confianza. Pero si no lo intentamos, que hacemos?; nos autoexcluimos?; nos desterramos al ostracismo nosotros mismos? NO.

Yo, a mis 49 años, aquí estoy cayéndome y levantándome; aquí sigo y, si no me fallan las fuerzas, aquí seguiré, tratando siempre de superar miedos, luchando por mejorar, por ser  buena abogada, por ejercer dignamente una honorable profesión que merece la honradez, la dedicación y la ilusión que exige la defensa de los derechos de todo ser humano.

A las tres personas que he mencionado en este resumen de mi 2014, les agradezco su confianza en mí, su paciencia y su apoyo. Sin ellas y sin mis “Síes”, el camino nunca habría empezado.

 

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