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La
verdad
es
que,
según
se
dice,
los
“psicólogos
y
educadores
de
la
cárcel
barcelonesa
de
Briñas
están
desolados”,
pues
su
trabajo
de
años
no
ha
servido
de
nada,
yo
diría
que
absolutamente
de
nada.
Esta
confesión
de
impotencia,
enunciada
a
modo
de
frustración
profesional,
no
es
más
que
una
muy
fuerte
crítica
al
sistema
penitenciario
español
que,
con
más
o
menos
ligereza,
permite
otorgar
permisos
temporales
de
salida,
cuestión
de
suyo
más
que
discutible,
sin
las
mínimas
cautelas
objetivas
y
precautorias
de
ninguna
clase,
y
esto
si
que
es
indiscutible
su
crítica,
pues
supone
un
gravísimo
deterioro,
cuando
no
negación,
del
sistema
jurídico
penal,
basado,
fundamentalmente,
en
el
simplismo
de
la
pena
privativa
de
libertad.
El
delincuente
sexual
violento
no
es
más
que
un
psicópata,
debido
a
que
se
le
presentan,
y de
forma
a
veces
desmedida,
sus
apetencias
y
impulsos
sexuales,
que
se
les
presentan,
satisfacer(?),
incluso
agrediendo
y
matando.
No
creo
que
el
principio
de
igualdad,
consagrado
por
nuestra
Constitución,
exija
una
igualdad
de
tratamiento
penitenciario,
para
aquellos
que
no
son
iguales,
ni
mucho
menos.
Justo
el
tratamiento
penitenciario,
su
sentido,
en
definitiva,
está
presidido
básica
y
esencialmente
por
un
método
de
clasificación
y,
sobre
todo,
de
individualización.
Y
duda
de
que
todos
los
delincuentes
sexuales
violentos
deben
ser
objetivo
de
una
muy
diferenciada
y
cauta,
por
no
decir
prudente,
observación
con
los
demás.
En
ocasiones
el
desviado
sexual,
me
refiero
al
gravemente
aberrante,
nos
sorprende,
porque
exterioriza
su
desvarío,
que
ya
existía
en
su
comportamiento
privado,
irrumpiendo
en
el
mundo
exterior
bruscamente.
A
modo
singular
Doctor
Jekyll,
tiene
dos
personalidades
y
dos
formas
de
conducta:
la
privada
o la
publica
o
social.
No
se
ve a
tratar
psiquiátricamente
como
debiera.
Y en
la
segunda,
se
nos
ofrece
como
un
ciudadano
honrado
por
demás
o
eso
cree
el.
Y un
buen
día
deja
aterrados
a
conocidos
y
vecinos
con
la
realización
de
un
crimen
de
sangre
espantoso.
Vecinos
y
familiares
dicen:
pero
si
era
muy
buena
persona;
muy
educado;
siempre
saludaba
cuando
coincidíamos
en
el
ascensor,
etc.
Y
esta
visión
superficial
no
puede
tapar
la
grave
dolencia
que
es
la
psicopatía
sexual,
sobre
todo
cuando
esta
reprimida.
Una
vez,
aparecerá
con
salvaje
brusquedad,
y
sus
amigos,
conocidos
y
hasta
familiares
quedaran
estupefactos.
La
concesión
de
permisos
penitenciarios,
como
desde
siempre
he
razonado,
encierra,
más
que
nada,
un
pronóstico
casi
profético
para
el
que
no
estamos
preparados
ni
los
juristas,
ni
tampoco
profesional
de
disciplina
alguna,
sea
psiquiatra,
psicólogo
o
pedagogo.
Se
juega
así
en
una
ruleta
a
veces
fascinante
y a
veces
terrible
y
cruel.
Por
esta
razón,
el
Derecho
penal
clásico,
que
iniciara
Becaria,
siempre
entendido
que
el
carácter
más
fundamental
de
la
pena
para
que
sea
eficaz
en
su
función
preventiva,
es
el
de
su
“infalibilidad”,
y no
la
de
su
crueldad
o la
mayor
duración
de
esta
perdida
de
libertad,
ordenada
por
las
sentencias
judiciales.
El
corazón
de
toda
reforma
penal
lo
constituye
el
sistema
penitenciario.
Aquí
se
ha
aprobado
un
Código
penal
nuevo,
unas
leyes
penales
de
menores,
etc,
y no
se
ha
llevado
en
profundidad
la
reforma
del
sistema
penitenciario
español.
No
es
de
extrañar
que
sucedan
hechos
tan
espantosos
como
el
que
comentamos
en
las
distintas
y
variadas
manifestaciones
que
pueden
presentarse
en
la
llamada
delincuencia
sexual.
De
todas
formas,
se
me
puede
permitir
que
diga
que
yo
nunca
había
dado
permiso
de
salida
temporal
al
presunto
asesino,
que,
a
pesar
de
lo
que
se
lea
que
violo
a
las
jóvenes
policías,
me
resulta
muy
difícil
creerlo.
Su
actuación
no
es
la
de
un
genuino
violador
que
necesita,
imperiosamente,
su
dispersada
sexualidad,
y
nada
mas.
Su
actuación
es,
más
bien,
la
de
un
psicópata
sexual
asesino,
pero
quizá
hasta
impotente
y
que
probablemente
no
cometió
los
crímenes
solo.
No
conozco
ni
el
atestado,
ni
lo
instruido,
pues
opino
sobre
relatos
periodísticos.
Manuel
Cobo
del
Rosal
Abogado
y
Catedrático
de
Derecho
Penal.
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