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"El
que
la
hace
la
paga",
dice
una
vieja
máxima
popular,
pero
tengo
para
mí
que
esta
máxima
debe
ser
moldava
o
rutena
ya
que
española
es
seguro
que
no
puede
serlo;
porque
en
España,
desde
hace
años,
el
que
la
ha
hecho
(y
gorda)
jamás
la
ha
pagado.
Ahora,
sin
embargo
y
gracias
a
las
tasas
judiciales
podemos
afirmar
con
toda
seguridad
que
hemos
alcanzado
un
nuevo
hito
en
los
anales
de
la
desvergüenza
ibérica:
Desde
el
20
de
noviembre
de
2012,
no
sólo
es
que
el
que
la
hace
no
la
paga
sino
que,
además,
la
cobra.
Déjenme
que
les
explique.
En
general,
cuando
a un
ciudadano
se
le
infiere
una
injusticia,
acude
a
los
tribunales
a
tratar
de
que
la
remedien.
Como
comprenderán
es
raro
que
un
ladrón
denuncie
a su
víctima
o
que
un
moroso
reclame
judicialmente
dinero
a su
acreedor.
Esto
no
es
difícil
de
entender:
Aquel
a
quien
se
debe
dinero
acude
a
los
tribunales
a
reclamarlo
y es
la
víctima
quien
denuncia
al
agresor
y no
al
revés.
Y
por
eso,
si
se
toman
la
molestia
de
comparar
cual
es
el
porcentaje
de
demandas
que
se
estiman
total
o
parcialmente
frente
al
de
las
que
se
desestiman
completamente,
podrán
comprobar
que
aquel
es
abrumadoramente
superior
a
este.
Los
demandantes,
para
remediar
la
injusticia
sufrida,
deben
iniciar
unos
procesos
muchas
veces
interminables,
correr
el
riesgo
de
un
comportamiento
errático
de
los
tribunales
y
asumir,
al
menos
provisionalmente,
los
gastos
que
todo
procedimiento
conlleva.
Mientras
tanto,
los
demandados,
tratan
de
obtener
ventaja
de
esta
más
que
conocida
situación
efectuando
ofertas
a la
baja
que
el
demandante
acepta
con
tal
de
evitar
el
juicio.
Pero
esto,
claro,
es
así
si
y
solo
si
es
usted
un
ciudadano
normal,
porque
si
el
demandante
es
un
banco,
por
ejemplo,
en
general
tendrá
a su
disposición
una
serie
de
procedimientos
rápidos
y en
muchos
casos
abusivos
que
le
permitirán
ejecutar
su
hipoteca
o
embargarle
sus
bienes
con
inusitada
rapidez.
Si,
llegados
a
este
punto,
se
toman
ustedes
además
la
molestia
de
comprobar
quiénes
son
los
"demandados
habituales"
en
los
juzgados
españoles,
observarán
que
se
trata
de
aseguradoras,
otras
entidades
mercantiles
como
los
bancos
y la
propia
administración
que
dispone
de
una
jurisdicción
entera
para
ella
sola:
la
contenciosa.
Al
ministro,
por
lo
que
se
ve,
esta
situación
no
ha
debido
parecerle
lo
suficientemente
injusta
porque
ha
decidido
agravarla
hasta
extremos
insospechados
hace
sólo
un
par
de
años:
Afirmando
falsamente
que
la
justicia
"debe
pagarla
quien
la
utiliza"
obligó
al
pago
de
las
tasas
a
los
demandantes,
para
regocijo
y
confort
de
las
aseguradoras,
los
que
colocaron
preferentes
con
engaños
y la
propia
administración.
Desconozco
qué
raro
razonamiento
llevó
al
ministro
a
pensar
que
sólo
utilizan
la
justicia
los
demandantes
y no
los
demandados,
aunque,
viendo
quienes
son
los
demandados
más
frecuentes,
puedo
imaginar
explicaciones
muy
poco
edificantes.
Las
consecuencias
de
esta
"estrategia"
ministerial
ya
las
imaginan:
si
ustedes
van
a
demandar
a
una
aseguradora,
a un
banco
o a
la
administración
preparen
primero
las
carteras
y
luego
escuchen
a
esa
demandada
que
no
le
paga
o
que
le
ha
engañado,
decir:
"Si
el
juicio
te
va a
costar
tantos
miles
lleguemos
a un
acuerdo...
Yo
te
pagaré
menos
de
lo
que
te
debo
pero
te
ahorrarás
ese
dinero:
saldrás
ganando
tiempo
y
dinero
¿O
es
que
se
lo
vas
a
pagar
al
estado?"
Es
lo
que
pasa
cuando
la
justicia
se
vende:
que
la
injusticia
es
un
buen
negocio.
Y
todo
lo
anterior
sólo
sucede
en
el
hipotético
caso
de
que
usted
tenga
dinero
para
afrontar
el
procedimiento
porque,
de
lo
contrario,
no
le
quedará
otro
remedio
que
recurrir
a
una
vieja
receta
española:
Ajo
y
agua.
Gracias
a
las
tasas
miles
de
españoles
habrán
de
padecer
la
injusticia
porque,
desde
que
se
establecieron,
los
derechos
no
se
ejercitan:
los
derechos
se
compran.
Entenderán
ahora
por
que
podemos
afirmar
que,
a
día
de
hoy,
el
que
la
hace
no
la
paga
sino
que
el
que
la
hace
la
cobra
y
bien
cobrada.
Este
próximo
20
de
noviembre
se
cumple
un
año
desde
que
la
justicia
está
en
venta.
No
hay
nada
que
celebrar
pues,
pero
sí
hay
mucho
que
recordar:
Hay
que
recordar
que
cuando
la
justicia
se
vende
la
libertad
está
en
precario;
hay
que
recordar
que
sólo
los
esclavos
compran
la
libertad
y
sólo
los
inicuos
venden
la
justicia;
hay
que
recordar
que
cuando
los
derechos
tienen
precio
la
justicia
es
de
quienes
tienen
más
dinero
y
hay
que
recordar,
en
fin,
que
o
somos
un
país
justo
o la
libertad,
la
igualdad
y la
felicidad,
para
los
españoles,
jamás
serán
ya
posibles.
Es
por
eso
por
lo
que
hay
que
estar
en
la
puerta
el
día
20;
por
eso
y
para
recordarle
al
ministro
que,
a
veces,
quien
la
hace
la
paga
y,
esta,
es
una
de
esas
raras
veces.
Es
por
eso.
Nos
vemos
el
día
20.
#porlajusticia
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