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Emprender en la abogacía
MADRID, 12 de DICIEMBRE de 2012 de 2012 - LAWYERPRESS

Ruth Benito Martín, abogada (áreas Civil y TIC en Abogados Ladreda)

En la universidad con suerte se aprende algo de Derecho, y con algo más de suerte también cómo conseguir gratis el bocadillo de media mañana gracias a la “pocha” o el “mús”. Pero nada sobre cómo dirigir un despacho de abogados, pues, entre otras cosas, no es ese el objeto de la carrera.
Se me pide que escriba sobre el emprendimiento en la abogacía y yo, espero se me perdone, pero me veo más autorizada, como mucho, para hablar sobre algunos de los errores que yo he padecido y que creo debe evitar a toda costa cualquiera que quiera dedicarse a esto.

1.- “Somos abogados, no empresarios”:
Recién terminada la facultad, en 1999, comencé a trabajar en un pequeñito despacho de abogados en Madrid, a cambio de que me pagaran la Escuela de Práctica Jurídica y el abono mensual del metro-bus (al año ya era una socia más). Entonces yo no sabía lo que era el marketing, ni las estrategias, ni los presupuestos de ingresos y gastos, pero a mí en aquel despacho había cosas que no me cuadraban, como por ejemplo que fueran capaces de trabajar sin tener siquiera un fichero en papel de clientes (¡en papel!), o que cualquiera de los abogados se dedicara igual a recurrir una multa por exceso de velocidad que a un complicado proceso matrimonial, pasando por que ni siquiera utilizaran el mismo membrete en sus modelos de cartas...
Y eran muy buenos abogados, pero cuando, gracias a la confianza que había, les propuse llevar a cabo alguna acción de marketing la respuesta recibida en un primer momento fue “somos abogados, no empresarios”. Al parecer yo no me había enterado aún de que cuando te incorporas al Ilustre Colegio de Abogados automáticamente quedas inhabilitado para ser empresario.
Pues no. Un despacho de abogados es una empresa de servicios jurídicos, con las particularidades propias del sector y la especial relación de confianza que existe entre el cliente y el abogado, pero una empresa al fin y al cabo. De modo que lo mejor para todos, empezando por el propio cliente, es que se dirija con arreglo a criterios empresariales, ya que éstos resultan indispensables para que el despacho pueda ofrecer, interna y externamente, eficiencia y calidad.
Es mucho el tiempo que se debe destinar siempre a tal labor y es difícil compaginarlo, en su caso, con las tareas propias del abogado (vencimientos, reuniones con clientes, peleas con el funcionario de turno, etc.) pero es algo absolutamente imprescindible, y que debe realizarse de forma permanente y no sólo al inicio del proyecto empresarial, si se quiere que el negocio pueda sortear las dificultades a que estará expuesto y prospere.

2.- Abandonar tu sueño:
En el año 2002 se publicó en el BOE la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico. La Ley de Internet la llamaban. Yo veía las palabras “Derecho” e “Internet” juntas y a mí los ojos me hacían chiribitas. Mis dos pasiones unidas, no podía existir mayor felicidad, aunque había quien me miraba como a bicho raro cuando les confesaba que soñaba con adaptar páginas web. Elaboré mi propia presentación para ofrecer colaboraciones a desarrolladores web y tuve reuniones con algunos, pero si hoy en día todavía los hay que no tienen adaptado su propio “site”, imaginaos hace diez años…
Para no extenderme, el caso es que en aquel momento debí apostar por formarme en Derecho TIC y seguir a mi sueño costara lo que costara, pero en su lugar opté por la seguridad que me daba el trabajo que ya tenía. Elegí el camino fácil, pero no el que más satisfacción me proporcionaba. Se dice que se debe sentir pasión por aquello en lo que se emprende, pero yo creo más bien que se debe emprender en aquello por lo que se sienta verdadera pasión. Si se tiene claro y el proyecto es mínimamente viable, aunque resulte sumamente difícil e incluso uno se pueda sentir solo en el camino, se debe luchar contra viento y marea por conseguirlo.
Cuando abandonas un sueño, en el mejor de los casos puede ocurrir que el sueño acabe persiguiéndote a ti y un día, de buenas a primeras, se te planta de cara otra vez, entonces resulta mucho más complicado mirar hacia otro lado y no queda más remedio que afrontarlo porque ya sí sabes que si no lo haces te arrepentirás toda tu vida. Y esto fue lo que me sucedió a mí. De modo que lo que no hice en aquel momento ha tocado hacerlo después pero con muchas más dificultades y en peores condiciones.

3.- Las malas compañías:
Si el despacho necesita establecer alianzas con empresas o profesionales de otros sectores o incluso del nuestro propio (lo cual es muy probable), es conveniente analizar la necesidad concreta y mantener la cabeza fría a la hora de elegir a la empresa o persona adecuada, así como el mejor sistema de colaboración. Como digo dependerá de la necesidad en cuestión que quiera cubrirse, pero en mi opinión resulta buena guía mantener al cliente en el punto de mira en relación con el beneficio o mejora que quiera obtenerse, es decir pensar en cómo puede repercutir favorablemente en el cliente el colaborador y sistema elegidos antes que en lo fácil o cómodo que pueda resultarle al despacho o incluso a nosotros mismos un aliado distinto.
Desde la otra perspectiva entiendo que es igualmente importante saber decir no a determinadas propuestas si, por mucho halago que nos transmitan, una vez bien analizadas no nos garantizan una mínima rentabilidad. También aquí hay que ser meticuloso, someter a examen a la empresa que nos lance la propuesta, no tener miedo a exigirle la información que necesitemos, calcular pros y contras y, en su caso, firmar el conveniente contrato para garantizarnos que, cuanto menos, no estamos realizando una inversión que caerá en saco roto, incluso aunque “sólo” estemos arriesgando en ello nuestro tiempo (tiempo y conocimiento son las materias primas principales con las que trabaja el abogado).

4.- No pasar a la acción:
Normalmente cuando se inicia un proyecto se hace con muchísima ilusión y muchas ganas y si el ambiente en el equipo es agradable entonces se dan los ingredientes básicos para ponerlo en marcha. Afortunadamente para mí puedo decir que he trabajado con compañeros con quienes me he divertido muchísimo, que además de ser personas muy inteligentes y excelentes abogados, tienen un gran sentido del humor y ésta es una cualidad que valoro mucho.
Pero lo cierto es que no basta sólo con las ganas de trabajar, la ilusión y el “buen rollo”. He sufrido alguna época de “enquistamiento”, en la que, a pesar de celebrar múltiples reuniones para discutir estrategias y acciones de marketing, en realidad nunca lográbamos fijar siquiera tres o cuatro puntos básicos y ponerlos en práctica. No podemos limitarnos a repetir continuamente “¡hay que moverse!” (de haber existido Twitter, éste hubiera sido el hashtag del despacho entonces), pero sin llegar a dar ningún paso adelante.
Hace tres años nace “Abogados Ladreda” en Segovia y desde su inicio hasta ahora, procuro tener muy presentes, entre otras cosas, los errores que he comentado. Aun así no es fácil, no voy a engañar a nadie, requiere mucho trabajo, grandes dosis de paciencia y conservar intacta la ilusión del primer día a pesar del desgaste diario, pero compensa infinitamente por poder decir que, aunque queda muchísimo por hacer (hay muchos planes que quiero sacar adelante), y a pesar de la crisis (o quizá gracias a ella), me encuentro sin duda en la mejor de mis etapas profesionales.
Y ahora les dejo, tengo pendiente alguna lectura sobre innovación en los despachos de abogados…

Ruth Benito Martín
 


 





 




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