Las doce puñaladas a Antonia Pernia – Mercedes Formica-Corsi Hezode

Publicado el martes, 17 marzo 2020

José Manuel Pradas – La huella de la toga.

Parece mentira como estando aún tan reciente su fallecimiento, existan tantas cuestiones sobre ella que estén envueltas en sombras, empezando por su mismo apellido. De siempre he entendido que era Fórmica y con esa tilde aparece en su formulario de incorporación al colegio de abogados de Madrid y sin embargo, ella misma reconoció en una entrevista que su apellido no llevaba acento.

Mercedes Formica

Mercedes Formica

No será sencilla esta reseña donde costará llegar a contar cuanto de ella debiera saberse, así que lo mejor será centrarse en un par de episodios de la que hoy día es uno de esos personajes incómodos, llamados “malditos” para personas de una cierta concepción ideológica. Me daré por satisfecho si de su lectura, un puñado de lectores decide investigar por su cuenta sobre quien era ella y su auténtica dimensión en el mundo del Derecho y la literatura.

Empecemos diciendo que nació en Cádiz, hija de un ingeniero, en 1916 y que falleció en Málaga, ciudad a la que estuvo muy vinculada, en el año 2002, aunque enferma de alzheimer, su vida intelectual terminó ya unos años antes. Vivió sin embargo muchos años en Madrid, donde estuvo colegiada desde 1950 con el número 14101, siendo por tanto una de las primeras mujeres que ejercieron la abogacía.

Su primera juventud estuvo marcada por la separación de sus padres y las consecuencias jurídicas que en aquellos tiempos se derivaban de las rupturas matrimoniales, donde los hijos quedaban sometidos absolutamente a la autoridad del paterna, de modo y manera que si residían con la madre, era poco menos que fruto de la liberalidad o la conveniencia del padre. Este hecho será de gran trascendencia para lo que viene a significar Mercedes Formica en la historia reciente de la abogacía.

El motivo más importante por el que ella será recordada en el mundo jurídico y que es, sin lugar a el que la trae aquí, es el de ser la causante de la más profunda reforma que se llevó a cabo del Código Civil desde su promulgación. Fue llamada, por algunos con cierta sorna, la “re-formica”. Esta es la historia.

En 1952 Antonia Pernia es apuñalada hasta doce veces por su marido e inexplicablemente, logró salir con vida. Ella antes había intentado separarse de él, pero el abogado al que acudió, le aconsejó que lo mejor que podía hacer era aguantar. Si abandonaba a su marido, se arriesgaba a perder casa, hijos y bienes, dado que la vivienda familiar era llamada por el código “la casa del marido” y si ella pedía la separación, debía abandonar el domicilio, fuese culpable o inocente, y ser “depositada” bien en casa de sus padres, bien en un convento, mientras los hijos quedarían con el padre. Suena durísimo, lo sé. Pareciera que nos estamos refiriendo de alguna ley visigoda o de las Partidas de Alfonso X y seguramente de ahí venga, pero estamos hablando de la legislación de hace solo setenta años.

El diario ABC, donde Mercedes Formica colaboraba, publicó tras cierta lucha con la censura de la época, su célebre artículo “El domicilio conyugal” donde denunciaba lo sucedido a Antonia Pernia y que constituía una situación de hecho y derecho que hoy nos parecería sencillamente inconcebible. Tanta fue la polémica desatada que ABC abrió una encuesta entre destacados juristas sobre la necesidad de modificar la legislación en estos aspectos.

José Manuel Pradas

José Manuel Pradas

Paralelamente, Mercedes Formica inició una especie de cruzada dando conferencias donde exponía sus puntos de vista y en 1954 publica su novela “A instancia de parte” donde da cuenta del doble rasero con que se medían los casos de adulterio. El día 3 de abril de 1956 el Juzgado de primera Instancia número 3 de Madrid, dictó una sentencia histórica en aquel momento, en la que el magistrado resolvió que quien debía abandonar el domicilio era el marido maltratador.

Entre medias, Mercedes Formica consigue a través de Mercedes Sanz Bachiller –viuda de Onésimo Redondo y otra figura “maldita” en mi opinión a rescatar- una entrevista con el dictador general Franco, donde le expuso su opinión. Ella de aquella reunión, dejó dicho que salió “con la sensación de que había sido comprendida”. ¿Por qué? Pues hay una sencilla explicación, el propio Franco que reverenciaba a su madre, había pasado en su infancia por una situación parecida, ante la separación y desamparo en que había dejado a su familia su padre que vivía en Madrid “amancebado” con su amante.

Es de esta entrevista con el dictador de donde van a ver la luz los cambios del Código civil en 1958, “la re-formica” que antes he citado. En virtud de ella, desaparece la “casa del marido” y aparece el concepto integrador de la “vivienda común del matrimonio”, de manera que será el juez quien decida la persona que seguirá habitándola cuando se produzca la separación. Desaparece también el degradante “depósito de la mujer” y se permitió que las viudas, en caso de nuevo matrimonio, conservasen la patria potestad sobre sus hijos menores habidos del anterior matrimonio. Finalmente, fueron limitados los poderes casi omnímodos del esposo para administrar y vender los bienes del matrimonio.

De Mercedes Formica hay que destacar no sólo su obra jurídica, sea directa o indirecta, sino su calidad literaria a través de novelas donde los personajes femeninos nunca están exentos de fuerza y en sus últimos años, su vocación como  historiadora con las biografías de María de Mendoza, amante de Don Juan de Austria y de Ana de Jesús, hija de ambos. Finalmente sus memorias, publicadas en tres volúmenes, que nos cuentan todo cuanto ella vivió y nos dan una idea de la profundidad y riqueza del personaje y donde muestra su rebeldía contra la barbarie que supuso la guerra civil en ambos bandos.

Pero explicado todo esto, ¿por qué he dicho que Mercedes Formica es un personaje “maldito”? ¿Cuál es la razón por la que no se la recuerda junto a las grandes feministas españolas del pasado siglo? Pues porque sobre ella pesa la losa de su ideología y su temprana afiliación a Falange, aunque con el tiempo renunciara a ella, llegando a calificar al franquismo como “aquella amalgama monstruosa, aquel gigantesco albondigón –la unificación entre falange y carlismo-, que estranguló la ideología, y todo quedó en una especie de cristianismo obligado, como el impuesto en Roma por el Decreto de Constantino”. Pero renunciando al Régimen, ella se mantuvo siempre fiel a la figura de José Antonio Primo de Rivera, de quien pensó que su prematura muerte detuvo toda la evolución de su pensamiento político. Cercana Formica a los círculos falangistas de oposición a Franco, escribió en sus memorias: «Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la «pata quebrada», debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de «interpretación» a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo».

Estoy convencido que pasados unos años, cuando el péndulo de nuestra historia se modere, se colocará a Mercedes Formica en el lugar principal que merece, como una de nuestras grandes mujeres del siglo XX.

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