Los ERTE no son la solución: llega la hora de tomar decisiones

Publicado el lunes, 25 enero 2021

Alberto Gilarranz, socio de Auren Abogados.

Alberto Gilarranz, Socio de Auren Abogados y Asesores Fiscales.

Alberto Gilarranz, Socio de Auren Abogados y Asesores Fiscales.

En los últimos días, gobierno y agentes sociales publicitan sus acuerdos sobre los ERTE, a la espera de que empresarios y trabajadores podamos tener un nuevo Real Decreto-ley publicado en el BOE. En esta ocasión todo apunta a que, hasta el próximo 31 de mayo, una nueva prórroga de los Expedientes de Regulación de Empleo “COVID”, intente solucionar todos los problemas que padece – y no son pocos – el tejido empresarial español.

La primera reflexión que se puede realizar es si es necesario esperar a escasos días de que venza una prórroga para dar seguridad jurídica a empresas y trabajadores sobre qué hacer. Quizás ese sea un debate no jurídico que, además, no aporte luz, sino todo lo contrario.

Sin embargo, la duda que subyace a toda esta amalgama de textos normativos que ha pretendido dar una solución temporal a una crisis social y económica sin precedentes es si realmente, cuando nos encaminamos a la triste onomástica de la declaración de ese estado de alarma del 14 de marzo, implementar solo medidas coyunturales solucionan los problemas de todas las empresas. Es más, la duda más que razonable que muchos tenemos es si la prórroga sucesiva, y sin casi matices de esa normativa generada para unos pocos meses, sigue teniendo explicación y sentido, por el transcurso de los acontecimientos y lo dilatado de la situación.

Y es que, con este contexto: ¿bastan parches para curar heridas abiertas?; ¿se pueden implementar las mismas soluciones en una empresa multinacional con cientos o miles de empleados y con acceso a los mercados financieros, que a la pequeña y mediana empresa? ¿Estaban todas las empresas en una situación óptima antes de la declaración del estado de alarma o existía un porcentaje significativo de ellas que ya arrastraban problemas estructurales de endeudamiento o adaptación a las nuevas realidades del mercado? Pues bien, esta normativa “prorrogada” no da respuesta a los problemas que padecen las pymes, ni a sectores históricamente en recesión ni, en general, a muchas organizaciones que están detectando problemas estructurales, que no se pueden solucionar ni deben, con una legislación temporal.

Además, muchos vivimos con suma preocupación la grave inseguridad jurídica que, a día de hoy, se padece cuando buscas una respuesta judicial o administrativa a los problemas interpretativos que ha generado la denominada legislación COVID. En la actualidad, no existen o no se quiere que existan, criterios claros sobre la aplicación de la cláusula de compromiso de empleo, lo cual provoca retrasos insoportables en la toma de decisiones para muchas organizaciones que, si tienen que devolver las bonificaciones generadas por los ERTE de Fuerza Mayor presentados, se verían abocadas a una situación concursal. ¿Por qué no se legisla el alcance y las excepciones de esta cláusula?

Además, la denominada “prohibición de despedir” está generando pronunciamientos judiciales que van desde la condena a la nulidad de los despidos, hasta la declaración de improcedencia con indemnizaciones “disuasorias” añadidas, pasando por una declaración de procedencia del despido porque es “claro”, según la opinión de un Magistrado. Cuando se está intentando salvar nuestra economía simplemente no es de recibo tener esta disparidad de criterios que solo generan caos y decisiones empresariales imaginativas que, precisamente, intentan evitar tener que someterse a esa disparidad de criterios.

Pese a que estemos viviendo tiempos oscuros, nuestro tejido empresarial es y debe ser valiente. Debe analizar cuáles son sus problemas reales, si están únicamente vinculados con la pandemia o tienen otro tipo de diagnóstico. Se debe analizar si nuestros equipos están motivados y se les proporciona información suficiente – que importante son las personas también en época de crisis -. En definitiva, pensar en el futuro próximo y teniendo claro que los ERTEs COVID no van a solucionar nuestros problemas a medio plazo, acudir a todas las medidas que prevé nuestra parca legislación laboral, pero que sin duda llegan más allá de decidir cual será la próxima prórroga de los expedientes de regulación.

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