Leandro Cabrera Mercado, Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Granada.

Leandro Cabrera Mercado
Celebramos en estas fechas el Día de la Abogacía Joven y se me invita a realizar algunas reflexiones sobre esta efeméride que pretende, en definitiva, potenciar y valorar en lo que se merece a todos aquellos abogados y abogadas que comienzan su andadura profesional con la ilusión, pero también con la incertidumbre que ello conlleva.
Y es que los primeros pasos en cualquier profesión, pero en la abogacía de una manera especial, son siempre difíciles y llenos de zozobra. Por eso resulta absolutamente importante que los que ahora comienzan a trabajar tengan clara su vocación. Y es que la abogacía es también una profesión vocacional, de tal manera que, si los letrados jóvenes encuentran su inspiración en ella, van a tener un motor interno absolutamente imparable y, lo que es más importante, serán felices al realizar su trabajo. Felicidad que es, en definitiva, a lo que aspira todo ser humano. De ahí la importancia de que los abogados noveles sigan su vocación y hagan todo lo necesario para poder vivir de una profesión para la que se han preparado durante años.
Pero para eso se necesita también ser valiente en las decisiones que se hayan de tomar y aprovechar las oportunidades que se presenten. Y eso significa también trabajar con excelencia. Para eso es necesario que los abogados jóvenes continúen formándose y estudiando. En nuestra profesión nunca se acaba de aprender. Y mucho más en una época como la que nos ha tocado vivir, en la que la vorágine legislativa es de tal magnitud que los juristas de toda índole, pero desde luego los abogados, nos vemos sometidos a una enorme presión para intentar mantenernos al día con todas esas leyes, reglamentos, órdenes ministeriales, decretos, etc. que pretenden regular, cuando no controlar de una manera absolutamente burda y excesiva, hasta la más íntima esfera de nuestra vida.
Por ello es preciso insistir en esa formación continua a la que me refiero y que resulta obligada según lo expuesto. Me consta que la abogacía joven tiene un enorme interés en continuar ese estudio y no cejar en el empeño, por colosal que pudiera parecer el esfuerzo.
También las nuevas tecnologías abren un camino insospechado en el ejercicio de esta profesión. Y si bien esta circunstancia se presenta como una amenaza (ya existen, por ejemplo, máquinas que contestan demandas, o eligen a los miembros de un jurado que puedan ser más beneficiosos para los intereses de los clientes, o calculan de antemano las posibilidades de éxito de un pleito), no es menos cierto que también supone una oportunidad para, utilizando todo lo bueno que tienen esas nuevas tecnologías, favorecer su trabajo diario. Ese es un reto al que han de enfrentarse los nuevos abogados y ni pueden ni deben renunciar a utilizar todas esas herramientas que la tecnología pone a su disposición.
Los comienzos en toda profesión son inciertos y mucho más en el mundo de la abogacía. Por eso sería bueno que los jóvenes letrados se constituyeran en despachos colectivos donde cada uno de sus componentes pudiese aportar sus conocimientos y su especialización. El tiempo del despacho individual, del ejercicio casi artesanal de la abogacía, ha pasado. Y se ha de afrontar el reto de trabajar en equipo, lo cual en una profesión como la nuestra supone también un plus de renuncia a la vanidad que todos tenemos. De ahí la importancia de la solidaridad y el rechazo al individualismo. Los despachos colectivos han de ser la fórmula de inicio en el ejercicio de la profesión para aquellos abogados que comienzan a trabajar en ella. Todos se beneficiarán del trabajo de los demás socios o compañeros de despacho y, además, podrán ofrecer a los clientes un asesoramiento integral, que es lo que en la actualidad se está demandando.
Y es que, pese a todo, el ejercicio de la abogacía merece muy mucho la pena, aunque no se debe olvidar nunca que nuestra profesión es dura, pero atrayente y atractiva; difícil, pero libre e independiente; de largo recorrido, pero apasionante. El reto es enorme, pero el futuro que se vislumbra es todavía más emocionante. Ahora es el mejor momento, iuvenes dum sumus.
Aquello que nos queda por hacer, es mucho más de lo que hemos logrado
Tomando el testigo
Con la abogacía joven, mejor hoy que mañana
El horizonte de la abogacía joven
El indudable talento de la abogacía joven
Reflexionando sobre el futuro de la abogacía joven
La voz de la Abogacía Joven ha de contar desde hoy
La situación de la Abogacía Joven
Iuvenes dum sumus (mientras somos jóvenes)
La situación de los jóvenes abogados
La situación de la ABOGACÍA JOVEN