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Big Data, un aliado que puede convertirse en una amenaza
MADRID, 05 de DICIEMBRE de 2013 - LAWYERPRESS

Por Francisco Gutiérrez. Ingeniero de Telecomunicación. Dpto. Desarrollo Editorial Grupo Francisc Lefebvre

Francisco Gutiérrez. Ingeniero de Telecomunicación. Dpto. Desarrollo Editorial Grupo Francisc LefebvreEn los últimos tiempos uno de los términos recurrentes que suenan por todas partes es el llamado Big Data, convirtiéndose en uno de los desconocidos de los que más se habla. Para empezar con una pequeña definición, en general con este término se hace referencia a la recogida, almacenamiento y procesamiento de gran cantidad de datos (información) con los que extraer o inferir resultados.

La práctica de procesar información no es nueva. A título ilustrativo y entre otros muchísimos usos, desde hace mucho tiempo se utilizan los datos meteorológicos para la correcta gestión de los pantanos con el fin de evitar inundaciones.

Sin embargo, el crecimiento de la capacidad de tratamiento informático ha posibilitado que cada vez sea posible procesar en menos tiempo mayores cantidades de información. Si a esto añadimos que estamos en una sociedad cada vez más conectada y en la que cada vez generamos una mayor cantidad de datos que son procesables informáticamente, nos encontramos con el llamado Big Data.

Desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a acostar, generamos información útil para las empresas. En muchos casos somos nosotros mismos los que les cedemos esos datos de forma consciente (por ejemplo cuando le comunicamos nuestro número de teléfono a un servicio de atención al cliente, nuestra dirección para recibir una factura, o cuando aceptamos ciertos tipos de cookies al navegar por Internet) pero, en muchos casos, esta información la recopilan las empresas sin nosotros saberlo.

Por ejemplo, para que nuestro operador de telefonía móvil pueda entregarnos una llamada o un correo electrónico en nuestro terminal, debe saber si estamos en nuestra casa, paseamos por una calle o hemos entrado en un centro comercial. También nos es útil que tenga la información de cuáles son nuestras rutas habituales para determinar dónde instalar sus antenas y asegurarnos que siempre tenemos cobertura de sus servicios. Además queremos que nos propongan contratar nuevos servicios o cambiarnos a una tarifa que se adapte mejor a nuestro propio uso. En definitiva, la compañía puede utilizar todos estos datos para mejorar los servicios que nos presta..

Sin embargo, continuando con el ejemplo anterior, nuestra compañía también puede vender a un tercero la información sobre donde estamos para que alguien nos envíe un mensaje publicitario de una tienda cercana que, teóricamente, nos debería interesar. Los criterios para determinar ese interés no sólo pueden ser la cercanía a su establecimiento sino también podría interesarle nuestra edad, sexo, gasto telefónico, dirección postal de residencia, número de hijos, las tiendas en las que hemos estado anteriormente, barrios por los que nos movemos o quienes son nuestros amigos (dato que puede deducir según los móviles que suelen estar junto al nuestro). Yendo un poco más allá para determinar nuestros intereses, estos datos podrían cruzarse con muchos otros como quienes son nuestros amigos en redes sociales, las páginas que visitamos a través de internet, el periódico que leemos, las transacciones bancarias que hemos hecho, etc.

Y todos estos datos los han obtenido diferentes compañías a las que hemos contratado servicios sin cometer ninguna ilegalidad, se los hemos proporcionado nosotros o existe algún punto en el clausulado del contrato firmado que les permite recabarlos y utilizarlos..

Nada de esto es nuevo, siempre se ha podido obtener este tipo de datos y procesarlos con mayor o menor dificultad. La novedad radica exclusivamente en que ahora somos capaces de obtener estos datos automáticamente y en el formato adecuado, almacenarlos y cruzarlos entre sí ya que, gracias al almacenamiento y procesamiento de datos en la nube, el coste monetario y de tiempo para hacerlo, es realmente pequeño.

La otra cara de la moneda
El Big Data plantea grandes interrogantes relativas a la gestión de nuestros derechos individuales y, en particular, en torno a la privacidad que requerirán una regulación seria y eficaz.

La ley nos otorga el derecho a tener el control sobre nuestros propios datos y poder ejercer de forma efectiva los derechos de consulta y los derechos ARCO de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición. Sin embargo, el uso de estos derechos se dificulta en el caso de los datos que no se han entregado de manera formal o cuando estos se han obtenido o inferido gracias a nuestros comportamientos generales y el uso de determinados servicios.

Otra de las connotaciones importantes que deben tenerse en cuenta a la hora de regular este asunto es el llamado derecho al olvido. ¿Qué pasa con nuestros datos una vez que hemos muerto? Hoy por hoy se almacena toda nuestra vida, donde hemos estado, con quien, nuestros gustos, intereses y tendencias políticas y sociales, las enfermedades que hemos padecido o han padecido las personas de nuestro entorno, … En realidad se podría reconstruir toda nuestra vida a partir de estos datos y esto debe regularse convenientemente.

Por último y, aunque parece que se trata de un aspecto colateral, también tiene su importancia dado que, en la mayoría de estos casos, un ciudadano no puede o tiene enormes dificultades para hacer valer de forma efectiva sus derechos. La gran mayoría de las empresas y de los datos se encuentran fuera del territorio europeo, por lo que es prácticamente imposible litigar para defender un derecho cuando se está obligado a hacerlo, por ejemplo, en California o en cualquier país asiático.

En resumen, el Big Data proporciona grandes beneficios para los ciudadanos y para las empresas, pero también plantea grandes preguntas y desafíos que se deben resolver regulatoriamente.

 


 

 

 

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