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Estimado
internauta:
Nadie
puede
dudar
los
efectos
que
genera
el
cine
en
nuestras
vidas.
Podemos
gracias
a la
ficción
vivir
otras
realidades
y
olvidar
nuestros
problemas
en
ocasiones
Proteger
el
derecho
a la
defensa;
reforzar
el
papel
del
jurado
o
analizar
la
corrupción
en
la
judicatura
son
algunos
de
los
argumentos
del
llamado
cine
jurídico,
un
género
con
cada
vez
más
adeptos
donde
buenos
y
malos
dirimen
sus
cuitas
ante
un
jurado
impasible
He
tenido
la
oportunidad
de
ser
invitado
a
las
V
Jornadas
de
Cine
y
Derecho
organizadas
por
el
Grupo
de
Derecho
y
Lenguaje
de
ICADE
que
dirige
la
profesora
de
derecho
procesal
Cristina
Carretero
http://goo.gl/nj6Nrt
; en
esta
ocasión
hemos
podido
ver
diferentes
escenas
desde
otra
perspectiva.
En
esta
mesa
redonda
de
cinéfilos,
invitados
como
Eduardo
Torres-Dulce,
Fiscal
General
del
Estado;
Yolanda
Flores,
periodista
y
directora
del
programa
“De
Película”
de
RNE
y
Antonio
Castán
,
abogado
y
responsable
de
litigios
de
Elzaburu.
Personas
unidas
por
el
cine
que
nos
dieron
algunos
consejos
para
ver
estos
filmes
de
otra
forma
Yolanda
Flores
confesó
que
ve
cinco
películas
a la
semana
y
notamos
que
su
conocimiento
del
medio
cinematográfico
es
amplio.
Eligio
varios
momentos
de
filmes
como”
Justicia
para
Todos”,
donde
un
joven
abogado
encarnado
por
Al
Pacino
reflexionaba
ante
el
jurado
sobre
el
concepto
de
Justicia.
Alegato
que
realmente
es
ficticio
como
luego
apuntaría
Eduardo
Torres
Dulce
en
su
intervención
final:
“Los
juicios
americanos
son
tan
aburridos
como
los
españoles.
El
abogado
desde
un
atril
tiene
que
interpelar
a
los
testigos
y al
acusado.
Hollywood
ha
creado
estas
intervenciones
en
las
que
el
abogado
seduce
al
jurado”,
apunta.
Vuelve
apagarse
la
luz
y en
este
caso
Flores
nos
sitúa
en
el
año
82
con
un
Paul
Newman
ya
sesentón,
algo
escéptico
sobre
el
funcionamiento
de
la
justicia
y
así
lo
comenta
en
su
discurso
final
ante
el
consabido
jurado.
Cambiar
de
opinión,
tener
argumentos
y
ser
generoso
con
las
dudas.
“Doce
Hombres
sin
piedad
“, http://goo.gl/XfLsxQ
obra
teatral
adaptada
por
Sidney
Lumet
en
1957
es
un
clásico
del
cine.
A lo
largo
de
diferentes
momentos
apreciamos
como
el
ambiente
va
in
crescendo.
Se
palpa
la
tensión
y un
joven
Henry
Fonda
es
esa
duda
inicial
que
luego
cambia
por
completo
los
puntos
de
vista
de
los
otros
miembros
del
jurado.
Del
jurado,
que
quieres
que
te
cuente.
Nuestro
país
está
dividido
en
dos
bandos;
quienes
consideran
que
esas
personas
no
tienen
preparación
y
son
influenciables.
Y
aquellos
otros
que
valoran
esta
iniciativa
porque
se
democratiza
la
justicia.
Creo
honestamente
que
en
juicios
muy
mediáticos
no
deberían
intervenir
y
dejar
su
lugar
a
jueces
profesionales
Antonio
Castán,
responsable
de
Elzaburu
Abogados
en
la
parte
de
litigios,
ofrece
una
intervención
diferente.
No
es
tanto
hablar
de
los
valores
jurídicos
del
filme
como
de
dejar
claro
que
las
películas
pueden
ayudar
a
denunciar
situaciones
concretas.
REC
3
del
valenciano
Paco
López
es
una
película
de
zombies
que
en
tono
de
broma
aborda
el
mundo
de
los
derechos
de
propiedad
intelectual.
El
personaje
de
John
Esponja
sirve
de
hilo
argumental
para
saber
que
lo
que
nos
tomamos
a
broma
perjudica
a un
sector
que
pierde
muchos
miles
de
millones
por
la
piratería.
Castán
está
cómodo
charlando
con
los
alumnos
y
asistentes
a
esta
jornada
de
ICADE
que
llenan
la
sala
de
conferencias.
Ofrece
muchos
datos
sobre
una
industria
en
crisis
y
recuerda
que
una
entidad
como
la
SGAE
interpone
muchos
pleitos
con
todo
tipo
de
entidades
que
abusa
de
determinadas
figuras
o
bienes
en
su
explotación.
En
la
otra
película
que
elige,
“Searching
for
Sugar”,
que
vemos
con
subtítulos
también
se
denuncia
la
misma
situación
de
vulneración
de
propiedad
intelectual.
En
esta
oportunidad
es
el
propio
protagonista
quien
por
diversas
circunstancias
logra
después
de
muerto
que
sus
canciones
triunfen.
Por
desgracia,
ya
es
tarde
y no
logra
ni
un
centavo
de
esos
derechos
de
autor.
Y
llega
el
momento
de
Eduardo
Torres-Dulce.
A lo
largo
de
la
tarde
ha
estado
subrayando
en
sus
papeles
y
atendiendo
al
móvil.
Es
cierto,
intervenir
el
último
hace
que
algunas
cosas
ya
lo
hayan
dicho
los
demás.
Pero
vuelve
a
demostrar
su
fina
ironía
en
su
exposición.
Con
él
vamos
al
cine
americano;
ese
cine
en
blanco
y
negro
que
ha
hecho
la
delicia
de
tantas
generaciones.
Vemos
un
fragmento
de
“Matar
a un
ruiseñor”,
donde
un
elegante
Gregory
Peck
habla
delante
de
un
jurado,
como
defensor
de
un
hombre
de
color
presunto
asesino
de
una
joven.
Siempre
está
la
seducción
del
lenguaje
de
por
medio
Sabemos
que
Peck,
Atticus
Finch,
en
la
ficción
es
el
hijo
que
quisieran
todas
las
madres
norteamericanas.
Apuesto,
defensor
de
los
derechos
de
los
más
débiles,
cuida
de
su
hijo
al
haber
fallecido
su
mujer.
Eso
no
le
impide
para
dirigirse
al
jurado
y
hablar
de
justicia
y de
los
valores
que
encarna
la
misma
pese
a
sus
defectos.
En
otro
escenario
judicial
se
desarrolla
“Testigo
de
cargo”,
http://goo.gl/tVZtyZ
filme
dirigido
por
Billy
WIlder
basado
en
una
novela
de
Agatha
Cristie.
En
esta
oportunidad
un
veterano
letrado,
encarnado
por
Charles
Laughton
revela
su
habilidad
para
poder
descubrir
los
engaños
de
los
testigos
En
esta
oportunidad
este
filme
sirve
para
conocer
la
estrategia
procesal;
cómo
de
importante
es
la
oratoria
en
cualquier
vista.
Y
analiza
la
figura
de
un
abogado,
ya
con
muchos
años
que
pese
a
sus
problemas
de
salud
tiene
fuerzas
para
defender
a un
joven
gigoló
que
interpreta
Tyrone
Power,
galán
de
los
años
50.
Y
así
es
el
cine.
Una
ficción
convenientemente
novelada
que
supera
a la
realidad
y
que
muchas
veces
la
supera.
Gracias
a
las
películas
el
gran
público
se
ha
acercado
al
mundo
jurídico
aunque
luego
los
expertos
protesten
porque
falta
cierto
rigor.
Pero,
¿realmente
no
lo
has
pasado
bien
durante
esa
proyección? |