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José Ramón Moratalla Escudero - Marketing & Law - BLOGS de LP emprende

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José Ramón Moratalla Escudero - @jrmoratalla

El logaritmo de la Justicia, un problema de decisión
17 de DICIEMBRE de 2013

 

Leía recientemente un interesante artículo sobre la invención de un algoritmo capaz de predecir el éxito de una startup. Se trata de la consultora norteamericana Growth Science, que ha desarrollado esta formulación capaz de procesar mediante complejos modelos matemáticos las innumerables variables que afectan a una empresa de reciente creación o startup, a la hora de predecir su viabilidad, permitiendo además corregir las disfunciones a las que pudiera verse sometido su modelo de negocio.

 Coincidía el hecho con la difusión de la noticia de la revocación por parte de la Audiencia Provincial de Sevilla del pronunciamiento exculpatorio del delito contra la seguridad vial en su modalidad de conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas emitido meses atrás por el Juzgado número 6 de lo Penal, de Sevilla, en  el caso Ortega Cano, por el accidente de tráfico que costó la vida a Carlos Parra, al estimarse por dicho Juzgado la exención procesal de la rotura de la cadena de custodia de la prueba.  

 Ha llovido mucho desde que Alonso Church diera a conocer su teoría de la “calculabilidad efectiva” y su modelo “cálculo Lambda”, así como que Alonzo Turing hiciese también lo propio con su teoría de “la máquina inteligente” o “máquina de Turing”, para encontrarse ambos con Stephen Kleene a la hora de afrontar el dilema matemático que supone el “entscheidungsproblem”, también conocido como “problema de decisión”.

 A fecha de hoy hemos avanzado enormemente en materia de sistemas matemáticos combinacionales, como son los algoritmos, merced en gran medida al apoyo que vienen aportando los desarrollos experimentados en la computación y el potencial de cálculo informático. Por ello no erraríamos a la hora de denominar a este -en la que de pocos años a esta parte nos estamos adentrando- como la “Etapa de los algoritmos”.

 El peso del Big Data en estos desarrollos ha sido y es fundamental a la hora de procesar ingentes cantidades de datos e información, y extraer conclusiones que permitan tomar decisiones fundadas en la seguridad matemática que los procesos algorítmicos son capaces de inferir (ver artículo). Algo que -también ya veíamos- se viene haciendo en marketing en el área del posicionamiento SEO (ver artículo). Es por todo ello que todo este potencial de cálculo destinado a la desambiguación podría ser el recurso más valioso y efectivo para acabar con los males que aquejan a nuestro actual e imperfecto modelo de Justicia.

 Me explico: encontrándonos ya iniciado el siglo XXI es del todo inadmisible el nivel de inseguridad jurídica que dimana de las resoluciones judiciales. Y no solo me refiero al amargo sabor de boca que deja conocer los pormenores del caso de Ortega Cano y su inexplicable sentencia exculpatoria vertida en primera instancia.

 Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a ver como normal algo tan tremendamente injusto como es que ante casos idénticos o similares recaigan pronunciamientos judiciales dispares. Algo que podría justificarse en tiempos pretéritos pero en modo alguno en la actualidad con el presente escenario de desarrollo tecnológico.

 Casi nadie discute la baja calidad en técnica legislativa de la que adolecen nuestras normas (como botón de muestra baste leer el difuso artículo 41 de la reciente Ley de Emprendedores para hacerse una fiel idea, ver artículo). Como también ocurre en lo que respecta al nivel de formación jurídica y en cultura humanística que atesora el estamento judicial, siendo francamente mejorable. Lo cual reafirma la tesis de la falibilidad humana en la interpretación y aplicación del Derecho (“non erit lex, sed interpretationis lege corruptio”) por la presencia activa y determinante del factor humano que encarna el juzgador con su amplio margen de interpretar y aplicar la Ley de modo personal, a la sazón de su libre –como muchas veces temerario- albedrío, lo que deriva en una fuente de incertidumbre, riesgo y errores, o, cuanto menos, de inestabilidad, al no garantizarse en plenitud las fundadas expectativas en Derecho que asisten a las víctimas y resto de la sociedad en general. Es decir, el juicio humano genera inseguridad.

 Dicho lo cual, querido lector, deténgase un momento y pregúntense si el pronunciamiento que emitió el titular del Juzgado número 6 de Sevilla hubiese sido o no el mismo que el que emitiese el titular de otro Juzgado de España (siempre ante un caso idéntico, incluso contando con las habilidades y pericia de los mismos abogados). O también -ya puestos- haga otro ejercicio de imaginación y cuestiónese si ese pronunciamiento del meritado Juzgado sevillano hubiese sido el mismo si en vez de tratarse de Ortega Cano, en cambio, hubiese sido imputado un ciudadano anónimo. Seguro que en lo que respecta a sus hipotéticas respuestas, le asaltarán dudas, terribles dudas.

 Por ello, estimado lector, -a modo de provocatio ad dubium- le invito a meditar sobre el dilema de si en verdad no estaríamos ante un sistema de administración de Justicia más seguro y fiable jurídicamente si en la fase resolutiva de los procesos, los fallos y pronunciamientos judiciales derivasen como resultado de la aplicación de algoritmos capaces de comprender en su procesamiento todas las variables posibles en base a lo aportado y admitido en la fase de instrucción y prueba, erradicando con ello la ignorancia y limitaciones de la mente del juzgador, así como impidiendo la presencia de prejuicios, interpretaciones y ponderaciones afectivo-emocionales u otras desviaciones conscientes o inconscientes del juez, que desgraciadamente le alejan del esperado sentido del fallo que conforme a Derecho debiera corresponder.

 Sin lugar a dudas estaríamos ante otro caso de ““entscheidungsproblem” o problema de decisión, ¿no cree?

 Bueno, dicho queda. Llegado a este punto sólo me resta despedirme no sin antes dejarle un regalo: dos versiones de una divertida canción navideña interpretada por dos de mis cantantes preferidos, como son Bruce Springteen y Sheryl Crow, ambos -podrá comprobar- muy bien acompañados. Sheryl de la guitarra de Eric Clapton y Bruce del –ni más ni menos- mismísimo Santa. En efecto, si el apóstol Santiago se apareció e intervino a lomos de un blanco corcel en la Batalla de Clavijo, porqué nos hemos de extrañar que el regordete de Santa Claus acompañe al “Boss” cantando este villancico. Ya me dirá cuál versión le gusta más. Ahí le endoso todo un “entscheidungsproblem” ;-)

 Aquí vienen:
http://www.youtube.com/watch?v=wi9kvO2zL2E y http://www.youtube.com/watch?v=8dhaGcVNLqAA

 Lo dicho, FELIZ NAVIDAD. “I said, merry, merry, merry, merry Christmas baby


 
 

 

 


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José Ramón Moratalla Escudero - @jrmoratalla

José Ramón Moratalla Escudero

Abogado Colegiado nº 98.477 del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, es miembro de ACIJUR, así como de la Red de Innovadores INFONOMÍA y de Networkingactivo.

En cuanto a su formación cabe destacar que es Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (1986-1991), habiendo sido becado durante la licenciatura por seis universidades españolas, cursando con posterioridad los master en Dirección de RRHH por el ISEE, y en Dirección de Marketing y Gestión Comercial (GESCO) por el ESIC, además de atesorar una amplia y valiosa formación continua de nivel executive en las áreas jurídica y de marketing, marketing online y contenidos digitales desarrollada entre otros centros de formación especializada, en IIR España, IDC, ESADE y CEF, principalmente.

Profesionalmente, cuenta en su haber con más de 15 años de experiencia en el área de Marketing en las principales empresas de los sectores editorial y de formación jurídica, habiendo desarrollado su carrera profesional, por este orden, en Wolters Kluwer, El Derecho Editores, Grupo Difusión, Grupo Editorial El Derecho y Quantor, y Ediciones Francis Lefebvre, desempeñando paulatinamente los cometidos de Gerente de Marketing, Comunicación y Relaciones Institucionales, Director de Marketing, Coordinador de Proyectos Especiales del departamento de Desarrollo de Negocio, y actualmente en el área de Estudios de Mercado del departamento de Desarrollo Editorial.

Autor de artículos jurídicos y de marketing cuenta con numerosas colaboraciones en medios impresos y digitales como La Gaceta de los Negocios en su suplemento Legal y Fiscal, las revistas Economist & Iuris, Inmueble, Ayuntamiento XXI, Bar & Restaurante, así como en los portales Microsoft, El Derecho, LawyerPress, etc… También ha sido subdirector de la revista Ayuntamiento XXI, asimismo coordinador y miembro de su Consejo Editorial.

Cuenta con cuenta en Twitter @JRMORATALLA, y perfil en las redes profesionales Linkedin y Xing. En el plano personal, casado y dos hijos, y tiene a bien lucir su condición de sisanteño (natural de Sisante).
 





 

 
 

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