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En
un
breve
lapso
de
tiempo,
tan
sólo
de
pocos
días,
entre
prórroga
y
prórroga
mundialista,
se
ha
venido
sucediendo
una
serie
arracimada
de
acontecimientos
que,
cuanto
menos,
en
su
devenir
pareciera
obedecer
a un
guión
predefinido,
hilvanado
con
cierto
sentido,
con
determinado
propósito.
Sin
ánimo
de
ser
exhaustivo
cabe
referirse
entre
otros
al
precipitado
como
apresurado
proceso
normativo
de
la
sucesión
regia
y
del
aforamiento
del
Rey
D.
Juan
Carlos
I, a
la
negociación
emprendida
con
la
Ley
de
Asistencia
Jurídica
Gratuita,
a la
aprobación
del
proyecto
de
Ley
Orgánica
de
Protección
de
la
Seguridad
Ciudadana,
a la
cesión
del
Registro
Civil
a
los
registradores
mercantiles,
al
debate
entablado
en
el
seno
de
la
Unión
Europea
para
el
establecimiento
de
una
Fiscalía
Europea,
el
urgente
Real
Decreto-Ley
de
las
172
páginas,
etc…
Sólo
me
detendré
en
dos
de
ellos
porque
evidencian
paradigmáticamente
la
situación
de
inseguridad
jurídica
y de
desamparo
en
la
perplejidad
en
la
que
nos
encontramos
sumidos
los
usuarios
del
servicio
de
la
Justicia
en
España,
es
decir,
todos.
Empiezo
por
el
increíble
caso
de “la
familiatura
del
Tribunal
de
Cuentas”
pues
desde
la
llegada
de “Los
cien
mil
hijos
de
San
Luis”,
e incluso si me apuran, de la torquemadiana
que
supuso
la
institución
de
los
Familiares
del
Santo
Oficio,
no
habíamos
visto
en
España
algo
parecido.
Actualmente,
el
hecho
de
que
los
lazos
de
parentesco
en
el
citado
–y
con
pretensiones-
tribunal
alcance
los
cien
empleados,
a
fin
de
cuentas,
no
deja
de
constatar
lo
saludable
que
supone
vivir
en
familia
(hasta
así
lo
reconoce
Bernabé
Tierno).
Continuamos
con
el
fenómeno
del
escotoma
del
caso
Gowex
en
el
que
el
agujero
de
la
falsedad
documental
se
remonta
al
menos
a
los
últimos
8
años
(cito
a
elconfidencial.com)
y
pese
a
ello
ahí
tenemos
a la
CNMV,
la
Fiscalía
y el
Banco
de
España
(you
again)
en
un
nuevo
caso
de
inexplicable
inactividad
que
nos
hace
rememorar
casos
ya
vividos/sufridos
como
fueron
los
casos
KIO,
Ibercorp,
Forum
Filatélico,
AFINSA,
Gescartera,
las
preferentes,
etc.
Dios
me
libre
de
insinuar
en
la
presunta
falta
de
diligencia
de
la
CNMV,
la
“habidencia”
de
conducta
negligente
y/o
directamente
culpable,
pero
sí,
al
menos,
permítanme
adornar
mi
desconcierto
y
duda,
con
aquel
bello
calambur
quevedesco
dedicado
a la
reina
Isabel
de
Borbón,
de
“entre
el
clavel
blanco
y la
rosa
roja,
su
Majestad
es
coja”.
Los
casos
Gowex
y
Tribunal
de
Cuentas
también
me
recuerdan
la
famosa
“Paradoja
del
mentiroso”.
Atribuida
a
Epiménides
de
Creta
(siglo
VI
a.
C.)
se
fundamentaba
en
la
doble
falacia
armada
en
el
axioma
de “todos
los
cretenses
siempre
mienten”.
Epiménides,
cretense
él,
al
afirmar
este
postulado
mentía
y
decía
la
verdad
a la
vez,
en
tanto
que
la
doble
falacia
venía
apuntalada
en
los
atributos
“todos”
y
“siempre”.
Ahora,
podríamos
construir
una
paradoja
similar
también
falaciamente
fundamentada,
como
sería
“los
órganos
supervisores
hacen
siempre
lo
que
todos
esperan
que
hagann”,
remarcando
igualmente
los
atributos
“siempre”
y
“todos”
para
fundamentar
la
doble
falacia.
En
mi
anterior
post
“El
vicio
de
paripeismo
en
las
reformas
de
Tasas
Judiciales
y de
Justicia
Gratuita”
(http://www.lawyerpress.com/blogs/LPe_JR_Moratalla_18.html)
denunciaba
la
gran
mentira
y el
engaño
artificioso
que
suponía
las
pretendidas
reformas
sobre
las
tasas
judiciales
y en
materia
de
Justicia
gratuita.
También
recientemente
aludía
en
otro
post
a la
necesidad
de
gestionar
las
expectativas
del
cliente
(http://www.lawyerpress.com/blogs/LPe_JR_Moratalla_22.html).
Pues
bien,
en
efecto,
los
ciudadanos
como
usuarios
del
servicio
de
administración
de
Justicia
cuentan/contamos
con
unas
expectativas
que
hay
que
cumplir.
Me
refiero
principalmente
a la
expectativa
razonable
y
legalmente
asentada
de
que
los
órganos
supervisores
realicen
realmente
y
conforme
a
Derecho
su
trabajo
de
supervisión.
Siempre,
no
esporádicamente,
y
ajustado
a lo
que
todos
esperamos
que
hagan,
entendiendo
“todos”
conceptualmente
no
como
cualquiera,
si
no
desde
la
generalidad
que
impone
el
carácter
imperativo
de
la
norma.
De
no
hacerse
así
caeríamos
en
la
mentira,
en
la
inseguridad
jurídica,
en
el
incumplimiento
de
expectativas
jurídicamente
fundadas,
en
la
falta
de
verdad,
esto
es,
en
la
falacia
de
la
paradoja
del
mentiroso.
“Amicus
Plato,
sed
magis
amica
veritas”
(soy
amigo
de
Platón
pero
más
de
la
verdad). |