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En asuntos de justicia este año 2013 ha sido larguísimo; podríamos
resumirlo
como
un
año
nefasto
para
la
justicia
en
España,
pero
tal
generalización
sería
injusta
con
esas
cosas
buenas
que
han
ocurrido
y
que,
siendo
pocas,
hacen
que
uno
mantenga
todavía
su
fe
en
las
personas.
El año debutó con dos amenazas terribles para la justicia: La Ley
de
Tasas
y la
Ley
de
Servicios
Profesionales.
Mucho se ha escrito y he escrito sobre la La ley de Tasas; mi opinión
personal
es
bien
conocida
y he
tenido
ocasión
de
exponerla
en
numerosos
foros,
tanto
por
escrito
como
de
palabra
en
conferencias,
como
por
ejemplo
en
esta
a la
que
me
invito
el
ICAM;
no
es
momento,
pues,
de
repetirme,
la
ley
de
tasas
es
una
de
esas
innecesarias
desgracias
que
nos
ha
traído
este
larguísimo
2013.
La Ley de Servicios Profesionales es otro de esos ominosos recuerdos
que
nos
ha
dejado
2013.
Apareció
como
"powerpoint"
el
28
de
diciembre
de
2012
pero
durante
2013
ha
sido
una
pesadilla
constante
que
me
ha
obligado
a
vivir
alguno
de
los
días
más
amargos
de
mi
vida.
El
primer
borrador
de
anteproyecto
amenazaba
con
reducir
a 17
los
colegios
de
abogados
de
España
y
eso
suponía
no
sólo
la
desaparición
de
mi
colegio,
sino
la
completa
desaparición
del
sistema
de
justicia
gratuita
de
España.
Ya
el 2
de
enero
hube
de
preparar
a
toda
prisa
un
video
casero
donde
traté
de
explicar
las
razones
de
la
planta
de
los
Colegios
de
Abogados
y el
terrible
daño
que
se
haría
a la
justicia
gratuita
si
se
producía
la
desaparición
de
colegios.
Para
mi
sorpresa
el
video
fue
un
éxito
inmediato
y se
convirtió
en
el
argumentario
de
batalla
de
muchos
otros
colegios.
Nuestro
trabajo
de
persuasión
en
ese
punto
fue
agónico,
preparamos
ibooks
y
ebooks
que
suministramos
a
cuantos
políticos
teníamos
a
nuestro
alcance
a
través
de
las
redes.
Preparamos
además
estudios
económicos
y
nos
entrevistamos
contra-reloj
con
cuantos
políticos
pudiesen
influir
para
evitar
esa
locura;
mientras
tanto
preparamos
un
video
ilustrativo
de
las
actividades
de
un
colegio
de
abogados
como
el
nuestro.
Fueron
muchas
noches
sin
dormir
acompañado
de
un
puñado
de
abogados
de
Cartagena
que
hicieron
por
todos
un
trabajo
que
jamás
les
será
debidamente
reconocido.
Días
de
manifestaciones
(gracias
a
todos
los
compañeros
que
asistieron,
tampoco
nunca
nadie
se
lo
reconocerá
debidamente),
entrevistas,
reuniones
y
pensamientos
tenebrosos.
Pero
salimos
adelante
y en
agosto
el
anteproyecto
ya
no
contemplaba
la
desaparición
de
colegios.
No pudimos celebrarlo porque a esas alturas ya había entrado en
escena
otro
anteproyecto
de
ley
desgraciado,
el
de
demarcación
y
planta,
que
amenazaba
y
aún
amenaza
con
configurar
la
planta
judicial
con
criterios
e
ideas
de
1833.
Hubimos
de
volver
de
nuevo
a la
pelea
y a
fijar
nuestras
posiciones
en
textos
y
artículos,
algunos
de
los
cuales
tuvieron
cabida
en
esta
misma
revista
como
La
justicia
es
para
las
personas
o
Mentiras,
medias
verdades
y
Ley
de
Planta.
Y
otra
vez
a
tratar
de
llevar
nuestra
verdad
a
todas
las
instancias
políticas,
de
dentro
y
fuera
de
nuestra
región
(gracias
compañeros
de
Las
Merindades)
para
que
la
justicia
siguiese
estando
cercana
y al
alcance
de
todos.
En
ello
seguimos.
Y vino la
reforma
del
CGPJ
y la
pérdida
de
independencia
judicial,
y
vino
el
anteproyecto
de
Ley
Procesal
Penal
y
vino...
Para
qué
seguir.
Se
acaba
el
año,
un
año
que
ha
sido
para
mí
el
más
largo
que
recuerdo
desde
aquellos
largos
y
lejanos
años
de
mi
infancia.
Podría cerrar aquí este post maldiciendo a este funesto 2013 pero
sería
injusto.
Sería injusto porque un abogado de oficio nos enseñó en el caso del
Prestige
que
se
podía
defender
durante
diez
años
a un
hombre
y
ganar.
Porque
en
el
caso
del
Prestige
la
única
vencedora
fue
la
abogacía
de
oficio,
esa
que
para
algún
consejero
andaluz
sólo
se
desempeña
para
pagar
la
luz
del
despacho.
Sería injusto porque otro pobre abogado llevó hasta las más altas
instancias
europeas
los
condicionados
abusivos
de
las
hipotecas
de
los
bancos
y
también
ganó,
y
con
ello
hizo
que
este
país
sin
esperanzas
fuese
un
poco
más
feliz.
Sería injusto porque, en fin, en medio de todas estas desgracias,
este
año
he
encontrado
gente
que
me
aprecia,
gente
buena,
abogados
de
raza
que
aún
conservan
la
más
incomprensible
y
extraña
de
las
creencias:
La
fe
en
la
Justicia.
Eso
lo
compensa
todo.
Feliz Navidad. |