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publicado el 23 de Mayo 2011
Fernando Pamos, Abogado y autor

“Es muy difícil abstraerse de una posibilidad de ser linchado en los medios.”

Abogado en ejercicio desde el año 1991, con despacho profesional propio y una tradición familiar que se remonta a cuatro generaciones, especialista en Derecho Penal, Derecho Procesal Penal y Derecho Penitenciario, habiendo realizado los cursos de Doctorado en Derecho Penal.
Tutor de Jueces desde hace una década en sede del Convenio entre el CGPJ y el Consejo General de la Abogacía Española.
Abogado defensor de Antonio Puerta en el conocido asunto de Jesús Neira, con grandísima repercusión mediática y autor de un libro en el que narra las vicisitudes del proceso y la injusticia de los juicios paralelos, resumiendo, con un gran componente personal, sus inicios en los 20 años de ejercicio de la profesión que cumple este año.
El enlace para descargarse de forma gratuita el libro -"Las patrias perdidas, una visión del proceso de Antonio Puerta y Jesús Neira"-.

http://ferpamos.bubok.com/

- El derecho penal es muy duro y complicado. ¿Se arrepiente de haber escogido esta especialización?
Efectivamente creo que es duro por los cuadros humanos que te encuentras –pero también muy agradecido, por ende, cuando consigues paliar ese dolor-. Tuve la posibilidad cuando acabé la carrera, mediante un Master en Economía de la Empresa que cursé durante casi dos años –dirigido por D.Eduardo García de Enterría-, de dedicarme a algo más “aséptico”, pero lo mío siempre ha sido el ser humano y sus cuitas. No concibo mi profesión sin la relación con el ser humano, su condición finita y sus problemas.

- ¿Se puede vivir del derecho penal en España?.-
Depende de lo ambicioso que uno sea. Yo lo soy, pero sólo desde el plano profesional y del saber, que no desde el punto de vista económico. Creo que somos muchos abogados, demasiados, pero cada uno elige qué quiere poseer y acumular durante su paso por esta vida. Esa ambición desmedida es la que traerá siempre problemas.
He visto compañeros caer por sus ansias de ganar dinero, y es peligroso, mucho, mantener esa filosofía del “ganar mucho” porque hay asuntos que defiendes que te pueden llevar a traspasar la línea de la defensa –y ahí sí que no hay marcha atrás-. Si eres un abogado que simplemente trabaja para vivir, sí que podrás salir adelante con el derecho penal.

- Usted ha intervenido en casos de especial relevancia social, como el caso Neira defendiendo a Antonio Puerta. ¿Cómo se convierte un abogado en un personaje mediático?
Pues yo huyo de serlo –creo que mediáticos son los abogados de la prensa rosa y los que frecuentan todo tipo de tertulias-. En mi caso he rechazado talones en blanco para ir a contar los entresijos del proceso que citáis –ni siquiera he querido ir hace, ni nunca, poco al programa “La Noria” para hablar del libro que acabo de publicar-. Nada me gusta menos que la fama. Mi hijo mayor me regaló la siguiente dedicatoria el día del padre “para un padre… ¡que no quiere ser famoso!”. De cualquier forma es cuestión de caracteres, yo soy de natural tímido y no estaría a gusto, nada, en ambientes de glamour, lujo y poses divas (mis momentos preferidos son aquellos en los que me pierdo por mi Madrid del alma paseando yo solo con el móvil apagado). Me acabo de matricular en un curso de filosofía de un año de duración, ¡¡ese sí es mi mundo!!.

- ¿Se puede evitar entrar en la dinámica de los medios de comunicación?
Se puede completamente. Pero sí he de decir que la prensa tiene un poder brutal y lo he comprobado con el daño que se hizo en vida a Antonio Puerta. Vivimos anestesiados por los medios de comunicación, que son los que crean la opinión que debemos asumir cual dogma de fe -y ¡¡ay de aquel que ose vivir fuera del rebaño!!-. También es verdad que un minuto en televisión no tiene precio para tu carrera y proyección, pero allá cada cual.

- ¿Se pueden evitar los juicios mediáticos?
Creo que es muy difícil pues existe una franja de la sociedad que consume basura aderezada con pan y circo. Es un tema de cultura. Todavía me duelen los ojos cuando veía las imágenes de los abogados del asunto de Marta del Castillo huyendo, tratando de no ser golpeados por la masa –la misma que ahora insulta a la mujer de un torero que está siendo juzgada, cada vez que entra en la sala de vistas-. Todo es reflejo del nivel de cultura que nos ofrece la televisión (hace ya muchos años, el sociólogo francés Jean Baudrillard denunció “que la realidad había muerto y que ya sólo existía lo que sucedía en televisión”).

- ¿Cuál es su opinión sobre los abogados que permanentemente aparecen en los medios de comunicación?
Creo que si informaran bien, explicando las razones de determinadas decisiones judiciales y así acercaran la justicia al ciudadano de a pie, su labor sería impagable. Hay veces que veo tertulias en televisión y estoy tentado de llamar para explicar cómo son las cosas. Los políticos tienen también mucha culpa pues utilizan el tema de la justicia para atacar al rival. Es lamentable la falta de conocimientos procesales del mundo periodístico, máxime cuando además informan sobre noticias de tribunales.

- ¿En su opinión los jueces se dejan influir por la presión mediática?
Los jueces son seres humanos con ideología y debilidades y creo que sí se dejan influir, aun de forma mimética o instintiva. Es muy difícil abstraerse de una posibilidad de ser linchado en los medios – a Antonio Puerta no se le puso en libertad hasta pasados 18 meses por ese terror, y así lo digo claramente en el libro-. Cuando hay altavoces mediáticos que te pueden triturar, te piensas muy mucho dictar una determinada resolución judicial que no agrade a los medios ultramontanos que lamentablemente son mayoría.

- Usted ha sido muy crítico con los medios de comunicación, nos puede explicar su punto de vista.
Como en botica, hay de todo. Los hay que lincharon a mi defendido sin haberme jamás llamado (fueron la voces de sus amos, verdaderos indigentes intelectuales faltos de independencia)-. Otros fueron mucho más cariñosos y ecuánimes –y no porque dieran la razón a mi causa, nada más lejos: simplemente se instruyeron y preguntaron sobre los hechos-.
No se trataba de posicionarse con unos u otros y sí de informar de forma correcta. El daño que hicieron a Antonio Puerta fue brutal y el libro, con descarga gratuita en la página de la editorial, busca una absolución, o condena muy atenuada, desde mi palabra escrita.

- ¿Que responsabilidad tienen los periodistas, los espectadores y los responsables de los grandes medios de comunicación?
Todos somos responsables. Tenemos una sociedad enferma de sangre y dolor. Nos gusta el morbo, el dolor y cotillear lo que le pasa al otro. Somos expertos en todo. Lo mismo opinamos de la última alineación del equipo de nuestros amores que de un auto de procesamiento. No sé si será el carácter latino, pero esa pasión conduce a veces a hacer mucho daño a terceras personas. Falta serenidad, ecuanimidad, ética y filosofía, y sobran comunicadores que pontifican, analfabetos que conducen programas y un ocio revestido de dolor e insultos al otro.

- Usted ha escrito un libro sobre su visión y experiencias personales durante el caso Neira. ¿Ha sido su experiencia más difícil en el ámbito profesional?
Ha sido muy difícil por razones obvias de medir cada paso que diera por el eco que podría suscitar –y así fue-. Sin embargo, como hace poco he dicho, cada caso que asumo es complejo, aunque la acusación no fuera tan gravosa como la del tema que comentáis. Siempre hay alguien necesitado de consuelo y consejo. He de confesar que mi asunto mas complejo, por la absoluta inocencia del chico que defendía, fue un juicio hace pocos meses en el que le pedían ocho años por dos robos con intimidación y conseguí su absolución. Ese día fui inmensamente feliz, puedo reconocerlo.
El tema Puerta-Neira fue procesalmente muy interesante pues a modo de combate contra molinos tuve que hacer de fiscal, frente a inacción del Ministerio Fiscal contra otros posibles responsables de los daños que padeció el perjudicado, y a la vez defender a mi representado, cuidarle, arroparle, mimarle y luchar en los medios contra la infamias que socavaban su dignidad.

- ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?
He conocido a un ser humano, Antonio, frágil y muy perdido en la vida. También he visto la verdadera cara de determinados medios de comunicación –carentes de alma- y de una clase política que dejó mucho que desear haciendo saltar en pedazos la presunción de inocencia, fotografiándose con los “buenos” y maltratando de palabra al imputado. Todo valía contra Antonio Puerta.

- Usted ejerce también en el turno de oficio, ¿cual es su opinión sobre el estado actual del turno de oficio?
Yo soy defensor a ultranza del mismo. Estoy en los turnos especiales –recurso de casación y sumarios ordinarios -, en el turno de amparo, el de la Audiencia Nacional, en el del Jurado, en menores y además hago guardias de detenidos. Me encanta el turno de oficio y pese a que existan compañeros que no den el “do de pecho”, me quedo con todos esos anónimos compañeros que las 24 horas están velando por un derecho consagrado en la CE, como el de defensa y todos los anudados al mismo, que no son pocos. Bravo por ellos y su compromiso.

- ¿Cómo se podría mejorar el Turno de Oficio?
Todo es cuestión de medios y aquí, con todos los respetos, hay que decir que se ha gastado mucho dinero en otras cosas –véase la frustrada Ciudad de la Justicia y lo que costó la publicidad de lo que iba a ser su inauguración con esa primera piedra que ahí quedó-, cuando no se nos han revalorizado los honorarios desde hace muchos años. Creo que se debería hacer un esfuerzo –visto el despilfarro en verdaderas tonterías- y pagarlo mejor. Nadie se puede imaginar lo poco que cobramos en el turno de oficio. Hay veces que los propios justiciables se echan las manos a la cabeza al saberlo.

- ¿Es la privatización una solución?
No lo creo. Entiendo además que nuestro Decano está defendiendo, junto con el Vicedecano, frente a viento y marea, el turno de oficio. Cuando uno ha estado cerca de asuntos de corrupción gordos, le parece un insulto al justiciable que se quiera, siquiera, restar un euro a esta labor y ponerla en manos de particulares que pudieran lucrarse con lo que es, o debería ser siempre, un Servicio Público con mayúsculas. La imparcialidad del turno de oficio sólo lo puede garantizar el Colegio.

 

 

 


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