
Rosa Vidal, socia directora de BROSETA.

Hoy día 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, una efeméride desde la cual se pone en valor la lucha de las mujeres por su participación en la sociedad y por su desarrollo personal y profesional en igualdad de condiciones con los hombres.
Si bien es cierto que, en materia de igualdad, durante los últimos años se ha producido una notable evolución (más en las sociedades avanzadas que, por desgracia, en los países menos desarrollados), siempre es bueno marcar en rojo en nuestro calendario un día como el que celebramos hoy, y seguir dando visibilidad a una cuestión de tanta trascendencia.
En la abogacía de negocios, la profesión que tengo el placer de desarrollar, el problema de la igualdad se hace tan constatable como en otros ámbitos.
Es cierto que, de forma general, la profesión cuenta ya con una presencia pareja de hombres y mujeres. Los impedimentos desde un punto de vista jurídico a la hora de acceder a determinadas posiciones o llevar a cabo ciertas responsabilidades por el hecho de ser mujer son prácticamente inexistentes en nuestro entorno. Los procesos profesionales son cada vez más competitivos y en ellos lo determinante no es la condición de género, sino las competencias y cualidades profesionales de cada individuo.
Pero también es cierto que, cuando nos fijamos en las categorías superiores, sigue habiendo muchos más hombres que mujeres ocupando posiciones que, además, son el ámbito natural de elección de un futuro socio director.
¿Cuáles pueden ser las causas de esto? No hay una sola, desde mi punto de vista. En algunos casos son motivos culturales, en otros educacionales, también los hay de propia autolimitación. Pero lo cierto es que este “embudo” que se produce en ciertas categorías provoca, efectivamente, que las posiciones directivas de mayor nivel sean, en las firmas de servicios jurídicos, preferentemente masculinas (con figuras también de brillante talento y sobradas cualificaciones)
¿Cómo podemos hacer que esto cambie? Trabajando día a día para ello.
En la esfera personal, asumiendo que la corresponsabilidad en nuestro entorno (en el hogar, con la familia, etc.) es esencial para el desarrollo de estas cuestiones.
Además, poniendo esto en valor en el entorno formativo. Desde los colegios hasta las universidades y centros de posgrado han normalizado ya desde hace muchos años la presencia y el papel destacado de la mujer, y esto ha hecho posible, de forma general en todas las disciplinas académicas, que nuestra posición en el ámbito profesional haya crecido de manera considerable tanto en la propia penetración en las plantillas de las empresas como en la responsabilidad de las funciones asumidas. Es hora de impulsar también no sólo la presencia, sino el liderazgo del talento femenino.
Y junto a esto, tanto empresas como Administración Pública tienen que seguir haciendo un trabajo intenso para agilizar este proceso de cambio, dotando a los profesionales con planes de carrera y de conciliación pensados para que ninguna persona tenga que renunciar a una trayectoria brillante por no encontrar un equilibrio con sus obligaciones personales o familiares; firmando acuerdos de manera continuada para el impulso de la igualdad en las organizaciones, etc.
Todo esto redundará también en una forma diferente de hacer las cosas en las organizaciones, porque las mujeres tenemos ciertos valores que hacen diferente nuestro liderazgo y el de las compañías y la sociedad: tenemos una capacidad empática mayor, algo esencial para lograr compromisos y alcanzar objetivos; fomentamos el trabajo en equipo, la participación, el compartir información; actuamos y pensamos en muchas direcciones, también fundamental a la hora de tomar decisiones y enfrentar crisis, y tenemos un estilo más innovador, más propenso también al cambio.
Tengo la enorme satisfacción y la gran responsabilidad de dirigir una firma de servicios profesionales como BROSETA. Cada día comparto experiencias con una generación de abogadas de cuya calidad en materia de conocimiento y rigor técnico no dejo de sorprenderme.
Y por eso soy optimista. Porque impulsando a estas nuevas generaciones, ayudándolas también a complementar su valía con dotes comerciales, pensamiento estratégico y capacidad para discernir y poner el foco en lo importante, no me cabe duda de que ellas serán las futuras líderes de la profesión. Me lo dicen sus ganas y su determinación.
Muchas de las fotos que nos enseñen hoy estarán focalizadas en esta escasez de mujeres en puestos directivos de la que hablamos, esto es un hecho. Pero a mí me gusta ver el lado positivo de las cosas, y que hemos avanzado mucho en este sentido es otro hecho.
El punto del que partimos hoy nada tiene que ver al de hace unos años. Sigamos en ello. Queda camino por recorrer.
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